Don Horacio, el pionero

Don Horacio

Horacio García Fernández ejerce como introductor de novedades en Lugo, al estilo de lo que hace Salvador Castro Freire en los años precedentes. Suya es una de las primeras scooter que motorean por las calles de la ciudad, y también un receptor de radio francés, cuando faltan más de veinte años para que Radio Lugo inicie sus emisiones.

Su madre, Dolores Fernández, le dice en varias ocasiones, después de que el aparato lleve horas encendido: “Horacio, apágalo; que esos señores _ los locutores _, tendrán que descansar”.

Pionero fue también en su trabajo como ingeniero industrial, pues le corresponde llevar la electricidad a varios puntos de la provincia, como por ejemplo al Cebreiro.

Estando allí le sorprende una gran nevada que imposibilita no solo el traslado a Lugo, sino salir de la palloza, donde amablemente le acogen.

A la hora de elegir el sitio donde descansar, el dueño de la palloza le dice:

_Pode durmir aí, enriba da artesa.

Y don Horacio así lo hace durante los dos o tres días en que dura la incomunicación.

Una mañana, cuando la situación ha mejorado, el paisano le despierta con la novedad.

_Xa podemos saír. E ademais, temos que enterrar ao morto.

_Que morto? _ pregunta el ingeniero, desconocedor de que se hubiese producido una desgracia en el tiempo de enclaustración.

_O meu padriño, que morreu o primeiro día da nevarada e témolo gardado na artesa.

En efecto, la abren y allí estaba el hombre insepulto, a la espera de la mejoría climática. Don Horacio había dormido los tres días encima del cadáver sin que nadie se lo hubiese advertido, seguramente en el convencimiento de que, al menos en esta ocasión, la ignorancia era una garantía para alcanzar un reposo más reparador.

Un comentario a “Don Horacio, el pionero”

  1. jmlopez

    Gracias José por traer a Don Horacio a este blog, cuantos buenos recuerdos de uno de los mejores amigos de mi padre, que incluso asistió a mi boda, que gran persona, que inteligente y buen conversador.
    Cuantas mañanas de domingo con el y mi padre en el Café del Mendez, muchos recuerdos de mi niñez y juventud están ligados a la figura de D. Horacio y cuantos paseos y muchos viajes compartí con ambos escuchando y aprendiendo de un gran tipo ilustrado. Gracias de nuevo.
    Y la anécdota que cuentas de el, es magnifica.
    Un abrazo

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