Los equidistantes

Estas víctimas no son iguales a sus asesinos

Ya están aquí. Ya han liberado sus cargas de profundidad elaboradas en la retorta del simplismo. Son los equidistantes, personajes durmientes que llegado el momento de tomar decisiones, asaltan twitter con la misión de invertir la carga de la prueba y demostrar que no hay buenos y malos, que todos somos equidistantes de la maldad.

No lo hacen siempre, claro. Solo cuando existe peligro de que las decisiones se tomen en contra de sus intereses. París, por ejemplo, supone un momento de extrema gravedad, porque al verse atacadas de forma tan miserable la cultura occidental, la democracia y la libertad, se va a producir una reacción a favor de esos valores, que no son precisamente los suyos.

Y para evitarlo, ahí están los equidistantes, siempre dispuestos a elaborar una teoría según la cual los ejecutados en el Bataclan habrían acumulado motivos para morir allí. Y como eso iba a resultar demasiado impopular, optan por responsabilizar a Hollande, al propio Occidente, al cristianismo, al capitalismo o a la Marsellesa.

Ante una sociedad bien armada ideológicamente sus falacias se diluirían al instante de ser lanzadas, pero en ésta de mimbres tan endebles siempre habrá terrenos abonados donde prenda la especie y florezcan admiradores del Daesh y de su justicia divina.

Un equidistante jamás habría desembarcado en Normandía, pero tampoco existiría hoy él, porque los herederos de Hitler no le permitirían dudar de las bondades del IV o del V Reich. Si existe, es precisamente porque hubo desembarco y porque miles de jóvenes se dejaron su sangre en sus playas. Mejor habría sido no tener que hacerlo, claro; pero entre el Eje y los Aliados no había equidistancia posible. Y aquí y ahora tampoco la hay, prueba de ello es la dirección que toman los refugiados. Si fuésemos iguales se quedarían allí.

Un comentario a “Los equidistantes”

  1. Aureliano Buendía

    Equidistancia era, en tiempos, la situación intermedia exacta entre dos puntos.

    Pero, claro, esto es en la rigurosa geometría, que no admite opiniones.

    Cuando aplicamos el término a cuestiones políticas, la cosa cambia.

    Por ejemplo, ¿consideramos “equidistantes” a los concejales del PSOE y Podemos del Ayuntamiento de Córdoba, que ayer, al terminar el minuto de silencio por las víctimas de los atentados de París, reclamaron e hicieron otro minuto de silencio “por las víctimas de los bombardeos efectuados por la aviación francesa”.

    Hay que desengañarse, hermanos: tipos como éstos no son equidistantes. Su minuto de silencio no era el primero, era el segundo. En el fondo, sus simpatías no están con los Estados democráticos en los que viven y ejercen sus libertades, están con los terroristas.

    El problema de la sociedad occidental (acentuado en España por determinadas “peculiaridades” de los indígenas de la piel de toro) no es que suframos ataques exteriores o interiores. El problema real es que hemos entrado en una espiral autodestructiva, yo diría que suicida. Nuestro respeto a los “valores” ajenos ha culminado en un absoluto desprecio de los propios, y esto último no puede llevarnos más que a la a ruina.

    Por ello, nos seguirán matando, como han hecho este fin de semana en París. Y, más allá de minutos de silencio y otras gilipolleces, la reacción del europeo medio (y no digamos del españolito) se reduce a: “a ver si no me toca a mí”. En el fondo, es lo que pensamos: que el muerto sea otro.

    Muy posiblemente, esta actitud terminará, de una forma u otra, con la sociedad avanzada y el régimen de libertades que tantos siglos ha costado construir. Pero no queremos verlo, y ya se sabe: no hay peor ciego…

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