Nos atacan

¿Dudas? ¿Qué dudas?

Ocho bajas en contra, por 128 muertos y 200 heridos a favor. Ésas son las cuentas iniciales que se hace Daesh. A ellas hay que añadir el caos, el terror, los gastos ocasionados, las críticas que los franceses dirigen a su gobierno, la desconfianza… todo suma como activo en el arqueo del terror, especialmente si se tiene enfrente a una sociedad trufada de elementos panolis, que dudan y especulan sobre si merecemos o no el castigo infringido, si se defiende una civilización digna de acrecentarse, o es el yihadismo la salvación de las almas y el paraíso de las huríes.

Similares o parecidos razonamientos se planteaban aquellos europeos, alemanes y foráneos, que vieron en el nazismo una solución de buen gobierno y que colaboraron a su expansión; y quienes la vieron en el gulag de Stalin, o en todos aquellos proyectos que eran sinónimo de sometimiento, fanatismo y tiranía.

Aquí no hay dudas que valgan y quien se tenga por persona, ya sea de Oriente o de Occidente, solo puede ver en los atentados la acción de una banda delincuente tan poderosa como peligrosa, a la que hay que hacer frente y reducir, porque su amenaza nos afecta a todos.

Parece algo obvio e innecesario de repetir, pero lo cierto es que esta misma columna de opinión, al igual que otras muchas plataformas desde las que se señala al Daesh como una organización indeseable y destructiva, comprobó en más de una ocasión el envío de comentarios que, o bien le restaban importancia, o se mostraban reticentes a plantarle cara.

No hacía falta llegar a la masacre de París para temer lo contrario. Y lo que es peor, hoy sabemos que lo volverán a intentar, más cerca o más lejos de nuestros hogares. ¿Seguiremos respondiendo con hermosos corazones troquelados y la frase Je suis Charlie en su centro? Tiemblan solo de pensarlo.

Un comentario a “Nos atacan”

  1. Aureliano Buendía

    No es que haya reticencias a enfrentarse al ISIS, o que ello se considere incovneniente.

    Es bastante peor.

    Independientemente de alguna respuesta puntual que Francia lleve a cabo, el problema seguirá, no manteniéndose, sino engordando.

    Por razones similares a las que permitirán la independencia de Cataluña, nos vemos impedidos para responder a los ataques que asuelan Occidente, una y otra vez.

    Esto es una guerra, y Europa (y más recientemente, también los USA) han perdido su capacidad de combatir. Y cuando en una guerra no tienes capacidad de combatir, sólo puedes morir. Tardarás más, tardarás menos, pero es tu destino.

    Occidente está maniatado, literalmente impedido para defenderse del yihadismo, porque la quinta columna que tienen incrustada en nuestra sociedad es demasiado fuerte. Millones de musulmanes viviendo entre nosotros, junto con buena parte de nuestra clase política justificando y comprendiendo los ataques, culpabilizando a Occidente de todos los males del mundo… es imposible librar una guerra con semejante losa sobre los hombros.

    Por tanto, debemos, y es inevitable, que sigamos muriendo. Lo único que podemos pedir, cada uno al Dios en que crea, que no nos toque a nosotros mismos o a nuestros familiares. Ya sé que no es nada solidario, pero es lo que hay. Limitarnos a esperar que la próxima masacre sea en Berlín, en Viena o en Londres; que no sea en Lugo, vamos.

    ¡Qué desagradable es, a veces, la verdad!.

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