Poltergeist en Santa Cilla

El artículo de Roso de Luna

Santa Cilla do Valadouro, al igual que San Martiño de Mondoñedo, pertenece a Foz. Linda con Santa María de Bacoi, ya en Alfoz, de donde es párroco durante los primeros años del siglo XX nuestro célebre de hoy, José Martínez Calvo.

El presbítero don José, además de atender a su ministerio, da a la luz un periódico quincenal al que pone por título El Guerrillero. Su público objetivo son las parroquias mencionadas, Alfoz, O Valadouro y poco más.

No conocemos ningún ejemplar, pero dan cuenta de su existencia María Paz Teijeira y María de la Torre en A Prensa en Lugo, un libro de la Asociación da Prensa de Lugo.

Sin embargo, un número de El Guerrillero llega a manos del famoso teósofo extremeño, introductor de la obra de Helena Blavatsky en España, Mario Roso de Luna. Así lo refiere en sus comentarios sobre los Cuentos macabros de Blavatsky en el periódico La Libertad y probablemente, en Una mártir del siglo XIX, dentro de sus obras completas.

No podía imaginar don José que su reseña sobre el poltergeist sufrido en la casa de unos vecinos de San Cilla iba a llegar tan lejos y unirse para siempre a los nombres de Roso y Blavatsky.

El caso fue divulgado también en La Correspondencia Gallega por un Candia, José Candia Villares, secretario del Ayuntamiento de Foz. Lástima que faltase un año para la fundación de El Progreso. Básicamente, en ambas fuentes se narran los extraños desplazamientos de objetos y otros fenómenos de difícil explicación que afectan a esa familia y que solo desaparecen cuando la mujer devuelve un mandil que había robado. Don José, el presbítero, da una explicación ortodoxa: es el diablo jugando con ellos. Mario Roso se inclina a pensar en las excepciones a la ley de gravitación universal, pero los dos coinciden en que se combaten con buenas acciones.

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