Del montón

Las burbujas, nada singulares

No sé si les pasa a ustedes, pero a menda lerenda, cada vez que escucho hablar de la singularidad catalana, me entra lo que podríamos denominar el complejo de burbuja Freixenet, todas iguales, evanescentes, contingentes y sustituibles por la sidra.

Los que no estamos inmersos en ese privilegiado grupo humano de la catalanidad somos auténticas piltrafillas de vida vulgar, como la de las marmotas; y efímera, como los efemerópteros, que no llegan a las veinticuatro horas de existencia.

El catalán, de acuerdo con los eminentes entomólogos que se dedican a clasificarnos por especies, mea agua de rosas, exhala aromas de Puig y si al caganer nos referimos, sepan que de entre las piernas no les sale lo que a todos, sino un espetec tan bueno y tan rico que la OMS no lo ha incluido en su lista de patógenos peligrosos.

Tiene lengua, bandera, cultura y tradición. Usted puede pensar que todos los pueblos del mundo disponen también de los mismos componentes, a excepción de algunas tribus que han prescindido de la bandera por aquello de ahorrar en gastos superfluos; pero es un espejismo. Los únicos que tienen todo eso son ellos, por eso son singulares. Bueno, por eso y por el espetec.

Así lo ha reconocido por ejemplo el ilustre politólogo don Pablo Iglesias, que tras entrevistarse con el presidente Rajoy, nos ha pegado una patada en el cielo del paladar al resto de españoles diciendo que estos señores, no solo son mucho más guapos, singulares, listos y con bandera, sino que tampoco les afectan las mismas leyes, ya que ellos pueden decidir si se quedan con la tierra de todos mientras nosotros, pobres gilipollas, debemos aplaudir con las orejas, una de las pocas singularidades que se nos concede en esta trapisonda de indocumentados, mercachifles y robaperas.

2 Comentarios a “Del montón”

  1. forneas

    Eso es hablar claro, señor de Cora

  2. Aureliano Buendía

    D. Pablo Iglesias Turrión no atraviesa sus mejores momentos, al menos demoscópicos. A este hombre le ha ocurrido lo que viene sucediendo al ser humano desde el principio de los tiempos: lo que en dosis moderadas es conveniente, tórnase veneno cuando abusamos de ello. En el caso de Pablo Iglesias, le ha ocurrido con el foco público. La televisión le encumbró, pero cuando llegó a la cima, todos los focos se concentraron en él, y comenzaron a verse los rotos del traje.

    Pero tampoco la demoscopia (vulgo, encuestas) parece estar en sus días más lúcidos, creo yo, si de anticipar el futuro electoral se trata.

    Hoy se publican sesudos estudios que dan, prácticamente, por empatados a PP, PSOE y Ciudadanos. A Podemos lo “relegan” a una cuarta posición, eso sí, con un 15% de los votos que ya quisieran muchos para sí.

    Habrá que verlo. A mí me parecen cifras muy imaginativas, por calificarlas de forma suave .

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