El obispo de largos dedos

La salomónica tumba del obispo Alonso Suárez

Antes de bajar a la tumba, el obispo Alonso Suárez de la Fuente del Sauce pasa siete años de su vida en Mondoñedo y Lugo, y veinte en Jaén. También está otros 491 años sin hacerlo, encerrado en una cajonera desde 1520, por la falta de acuerdo sobre el lugar que debería ocupar dentro de la catedral jienense. La familia, que si dentro de la capilla del Santo Rostro; el cabildo, que si fuera.

Tal día como mañana, un caballero de etiqueta que representa a la familia de Alonso, con notario y criado que lleva bajo el brazo un haz de velas, entra en la catedral de Jaén al caer la tarde de esos 491 primeros de noviembre. Las velas simbolizan una ofrenda de cera, aceite y un borrego. Si el deán de la catedral la acepta, el obispo será enterrado; si no, seguirá en la cajonera.

En 1881, La Correspondencia de España informa que se ha celebrado la ceremonia y que el cabildo de Lugo la ha rechazado una vez más. A todas luces parece una errata de imprenta, pero no deja de ser ilustrativa, porque del obispo _ llamado insepulto por razones obvias, y constructor, por la cantidad de obras que emprende _, se dice que adquiere riquezas y conocimiento durante su temporada en Lugo, y que la clave de todas ellas es, nada menos, que el hallazgo de la mesa de Salomón.

Por fin, en el 2011 hay acuerdo. Media tumba del hombre estará dentro de la capilla y media, fuera. Una verja marca la frontera.

Observe el lector que la solución dada al pleito está inspirada en los principios salomónicos. Ni para ti, ni para mí, sino a pachas.

Amén de ser salomonólogo, el obispo padece el síndrome de Marfan, aumento extraordinario de la longitud de los miembros, y su sobrino Alonso inicia la saga de los Suárez de Lugo. Su lugar en la Cuerda está bien ganado.

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