Gallego era asturiano

Pie de foto con errata, el toro era de Arribas

Andrés Gallego González reside en Lugo cuando su padre, Carlos, ocupa aquí la dirección del Banco de España. En 1916, los Gallego siguen entre murallas, pero Andrés es ciudadano del mundo desde sus 15 años, pues se ha convertido en novillero en contra de la voluntad familiar. Ahora, con 20, su patria está en los hoteles.

No es de los malos, ni mucho menos. El 15 de agosto torea en Cáceres y cosecha buenas críticas y ovaciones. El 27 del mismo mes, participa en A Coruña después de una mojiganga de los Díaz-Charlot, Sacas-Llapidera y sus botones. Su padre y sus hermanos Matías y Juan han ido desde Lugo a verlo y se hospedan con él en el Hotel Europa.

Corta una oreja a su primero, pero el segundo lo empitona en el vientre y lo alza a gran altura. Los médicos de la plaza no detectan la gravedad de la cogida. Él se retuerce de dolor, pero los galenos acuerdan que se trata de una sensación refleja del fuerte golpe recibido. El dictamen es concluyente: “Lesión en la parte superior lateral derecha de la región abdominal, que no interesa más que a la piel y al tejido celular”, y lo mandan al hotel.

No hay tal. El asta del toro le produce una herida de 4 cms entre la décima y undécima costilla, a la que se le da sutura, pero en el interior recorre al menos 15 cms, con perforación de intestino, grandes destrozos y una hemorragia que le precipita la muerte a las once de esa misma noche.

Le habían puesto una inyección de cafeína, para reanimarle y otra de aceite alcanforado. Pobre terapia.

La nota biográfica que se publica de Andrés Gallego en aquellos días lo hace natural de Lugo, pero el novillero había nacido en Oviedo. Ni gallegos, ni asturianos lo reivindican hoy como propio, de modo que su celebridad acaba en el cementerio de San Amaro, a donde es conducido a hombros de su cuadrilla.

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