Las santeras de Becerreá

El robo fue en Tintoreros

Las hermanas Carmen y Francisca Fernández y Fernández nacen en Becerreá los años 1881 y 1886, respectivamente. No sabemos si abandonan Lugo para ganarse la vida con el sudor de su frente, o son tentadas por la delincuencia desde la más tierna infancia, pero el caso es que cuando ambas superan la veintena ya están hechas unas pájaras de cuidado y se codean con el hampa más peligrosa de Madrid.

Ahora están compinchadas con Enrique Méndez, toda una enciclopedia del delito en sus más variadas manifestaciones y en cualquier escenario, pues tanto es reclamado por asesinato en Alicante, como por robo en San Sebastián.

Las Fernández tienen que ser buenas mozas de labia, presencia y ademanes, porque Enrique las utiliza de santeras, que es una modalidad de colaboración solo al alcance de las más rumbosas. Las santeras entretienen de alguna manera al palomo mientras el choripén se da al guinde y lo despluma.

Eso hacen el 21 de mayo de 1911 los tres citados más la amante de Enrique, de la que solo trasciende su apodo, La Valiente, por el que es conocida en todas las oficinas de vigilancia madrileñas.

El palomo, o sea, la víctima, ha sido Pedro Torres Moreno, con domicilio en la calle de Tintoreros, de donde obtienen alhajas por valor de 8.000 pesetas, un golpe de importancia en una sociedad donde el litro de vino a granel no llega a los cuarenta céntimos.

El teniente Blasco del Toro, de la línea de Carabanchel, detiene a las Fernández y al resto de la banda tras hábiles pesquisas. La suya será una condena menor al lado de la que le espera a Enrique, cuyas cuentas pendientes, además del asesinato de Alicante, son tan largas como los folletines que hasta hace poco publicaba en la prensa el tocayo de las santeras Manuel Fernández y González.

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