El gran golpe (y II)

El caso, en la prensa

En 1911, Ricardo el Marino sondea al lugués de Bóveda, Manuel López Arribas, portero del Ministerio de Hacienda, y comprueba que es terreno abonado para que participe en un golpe del que se espera una bolsa multimillonaria: hacerse con la Caja de la Tesorería Central de dicho ministerio.

Charlan varias veces en una taberna de Concepción Jerónima y establecen el plan. Manuel debe hacerse con los moldes en cera de las llaves que dan acceso a la Caja. El resto es cosa de Ricardo y de los otros dos compinchados.

Manuel cumple su cometido y en unas semanas ya existen copias de todas las llaves, pero en ese tiempo a Ricardo se le cruza por la cabeza la necesidad de contar con otro funcionario del ministerio. Habrá dinero para todos y con esa nueva incorporación se garantiza el éxito del robo.

Lo llamaremos X, porque nunca se conoció su identidad, ni el puesto que ocupaba, ni qué papel le asigna Ricardo en el golpe. X pide tiempo para pensárselo, pero en realidad ya ha decidido ir con el soplo a la policía, de modo que Fernández Llanos, el jefe superior, el ministro y el presidente del Gobierno ya están en el ajo de la operación.

La delicada situación de X obliga a actuar cuanto antes. Se vigila a todos los implicados y tres inspectores se esconden en los alrededores de la Caja para observar las manipulaciones de Manuel cuando se cree solo.

Al ver que el de Bóveda comprueba la eficacia de las llaves copiadas y éstas abren las cerraduras, caen sobre él y lo detienen. En las horas siguientes son capturados uno a uno los otros tres implicados. Ricardo comprende de inmediato cuál ha sido su error, tentar a X.

El paso siguiente es establecer el plan de protección sobre X porque ha sido amenazado de muerte y es posible que Ricardo tenga cómplices fuera de la cárcel.

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