Garabatos públicos

Un muchacho en la antesala de la mayoría de edad, 17 tacos, ha sido identificado como autor de varias pintadas en edificios públicos y privados de una ciudad, como ocurre todos los días en tantas otras.
La opinión pública se ha dividido a la hora de calificarlo: Es un gamberro, un delincuente, un mastuerzo, un niño, un maleducado, el resultado del sistema educativo, o un chico normal y corriente, muy de hoy, con inquietudes plásticas y sin un mal lienzo donde plasmarlas. Es probable que el sujeto responda en partes proporcionales a todas las definiciones, y gracias a la suma de todas ellas nos podamos hacer una idea de cómo son algunos graffiteros, no todos.
En este caso, lo substancial es que la sociedad transmita al colectivo que serán lo que quieran, pero que eso no se hace, pues es propio de ignorantes y ahí sólo puede aplicársele el paliativo de la inmadurez juvenil.
Su actuación en dichos edificios llega a justificarse por la carencia que esa ciudad tiene de paredes construidas específicamente para ser garabateadas por ellos. ¿Cuántos kilómetros son necesarios? ¿O es que se puede repintar en la obra de un colega? Creo que no.
Hay graffitis y trampantojos que enriquecen las ciudades donde se encuentran, pero son los menos. Lo habitual es ver trasladadas a la vía pública las paredes pintarrajeadas de los cuartos de los infantes, antes de que alguien les diga que para dibujar sobre una superficie tan cara hay que estudiar cinco años en la Facultad de Muralistas, y mientras se espera el tiempo preciso para formalizar la matrícula en dicho centro, existen unos cuadernos de dibujo mucho más baratos donde pueden dar rienda suelta a todo su universo creativo. Y les va a sobrar espacio en blanco a punta pala.
A lo mejor es que aún no se lo advirtieron.

6 Comentarios a “Garabatos públicos”

  1. SEito

    Advertir , como lo hizo el esposo de la Alcaldesa de Esparraguera , puede significar la muerte , que siempre glorifica a los héroes , pero que nunca debía ser el resultado de una advertencia .
    Cuando la Sociedad deja su Gobierno en manos de Artistas y Humoristas sin saber primero si pertenecen a la categoría de Maestros , puede que el resultado no sea la esperada sonrisa del feliz , si no la macabra del “Jokker” -que me perdonen los entendidos si no está bien escrita_ que es la sonrisa maléfica del Patrón de los Humoristas más pérfidos .
    Un Jokker “preguizoso” para mayor escarnio de quienes no creemos que “nuestro queso” esté cambiado de lugar pues vemos como nos lo han robado .
    Pero en una Sociedad donde un Perro puede hacer sus necesidades en las caras aceras , prohibir o advertir a un hijo de vecino , que no pinte el mono es también un ejercicio más de hipocresía . Por lo menos una pintada no huele mal y además de pintadas y cartelismo , los actuales detentadores del cotarro , saben mucho , tanto , que expenden el Pancartas Master ; no van a impedir , que los futuros gobernantes les cojan manía .

  2. jabato

    Hoy se trata aquí un problema irrelevante, en comparación con otros con los que nos toca lidiar (y más que nos tocará, tal como vamos).

    Evidentemente, no me parece de buen gusto ver las paredes pintarrajeadas, y considero que menos le gustará aún al que involuntariamente puso el lienzo (léase el dueño del muro, sea público o privado), pero no me parece este un problema para quitar el sueño, más cuando su solución es realmente fácil.

    ¿Alguien recuerda cómo en los últimos años 90 y primeros de este siglo se acabó con la denominada “kale borroka”, evidentemente un problema mucho más serio que éste?. Sencillamente, aplicando el Código Civil, y obligando a los padres a responder de las cafradas de sus hijos menores. Pues aquí, otro tanto. No quedaría una mísera (por no decir otra cosa) pintada en pared alguna.

  3. Benito Valcarce

    Es que toda la vida fue así y es como entiendo debe de ser. Los padres deben de educar correctamente y responsabilizarse de la conducta de sus hijos mientras son menores y responsabilizarlos.
    En lamentables casos de posible incapacidad por rebeldía u otras actitudes del menor que razonablemente escapan a las posibilidades de los padres responsables es cuando el Estado ayudará a enderezar los entuertos asumiendo la responsabilidad de la educación y corrección.
    Pero ésto,con buena disposición,orden y reglamentación adecuada es lo que funcionó siempre y había antes de que vinieran los giliprogres modernos a enseñar a sus administrados como había que maleducar y fastidiar y encima a recochinearse de lo que no tienen mas remedio que aguantar porque la ley es la ley y el consenso es el consenso. No espabilamos.

  4. Edda Regusters

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