El gran golpe (I)

La Real Casa de la Aduana, Hacienda

En 1911, Manuel López Arribas tiene 36 años. Ha nacido en Santiago de Rubián, en Bóveda, pero ya se considera un madrileño más. Un error de cálculo impide que ahora nos estemos refiriendo a él como uno de los grandes ladrones del mundo a través del mayor golpe de la historia española, pero vayamos a los antecedentes.

Ricardo Oseti, alias Ricardo el Marino, también utiliza la falsa personalidad de Pedro Camacho Navarro. Tiene cincuenta años y durante ellos ha coleccionado un historial nutrido de variados delitos, como un robo de sellos del que se habla mucho en España. Su cabeza es una fábrica constante de proyectos destinados al fácil enriquecimiento, pero ahora, en este año de 1911, cree haber encontrado el golpe que puede retirarlo definitivamente.

Es un plan sencillo, piensa, pero necesita colaboradores y uno muy destacado tiene que ser por fuerza López Arribas, hasta ese día, un honrado funcionario.

Menos limpieza de expediente tienen Ricardo Martín Juzgado, de 44 años y natural de Venta de Retamosa (Toledo), y Carlos Torro Sitoage, un valenciano de cuarenta y dos tacos. Con ellos ya ha hablado y están de acuerdo en colaborar.

¿Qué hace de López Arribas una pieza imprescindible para el golpe? Muy sencillo, el de Bóveda es portero del Ministerio de Hacienda y ese emblemático edificio es precisamente el objetivo que Ricardo el Marino pretende desvalijar. ¡Hacienda! ¡Qué locura! ¿O no lo es tanto? Ricardo ha puesto el ojo en la Caja de la Tesorería Central, establecida ahora en el patio derecho del ministerio, donde se custodian depósitos, fianzas y reintegros que allí permanecen hasta ser conducidos al Banco de España. Además, la Tesorería custodia valores públicos de la Deuda, al portador, títulos pendientes de liquidación de cupones… Una pasta gansa.

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