Suelto de tripa

Obsérvese la cantidad de personas insultadas. Pues hay muchas más

A Willy Toledo, don Guillermo, le da por ciscarse en la Virgen del Pilar y en todo lo que se menea, y cree el tío que está realizando un ejercicio intelectual de primer orden. O escribo la Divina Comedia, o me cisco en el Pilar. Como Dante ya dejó escrita la primera, pues eso, hago lo segundo.

Willy es un fenómeno comparable a Leticia Sabater. No sabe qué hacer para estar en el candelabro, y como tiene la suerte de vivir en un país donde no hace falta regar a los cebollinos para que pueblen los más áridos pedernales, ha descubierto un método que se lo garantiza a perpetuidad, cual es trasladar el pensamiento de los mediocres a los más graves asuntos, sean del Estado, de la Iglesia o del sursum corda.

En cuanto oye alguna palabra que pueda significar cierta trascendencia para un amplio grupo de ciudadanos, se toma un laxante y hala, a evacuar se ha dicho. Ni siquiera se molesta en que su exabrupto vaya revestido con la capa de supuesto humor, como su colega Zapata. Él defeca a caño libre, como los tontos del pueblo, que no pudiéndose distinguir por otras habilidades, se bajan los pantalones delante de la concurrencia, pues han observado que causan risas en niños y mayores. Bueno, al menos, causo algo.

Las autoridades religiosas de Zaragoza lo han declarado persona non grata y han hecho mal, porque nombramientos así espolean el orgullo del cagón y es probable que mañana se compre un ventilador de mayor potencia para salpicar con eficacia redoblada y colaborar al negocio de los vendedores de chubasqueros.

Tampoco dedicarle todas estas líneas es remedio recomendable contra la diarrea. Quizás lo sea un tapón de corcho, aunque teniendo alcornoque en la cabeza, al usar otro en la salida puede sobrevenir el colapso y nos acusarían de embalsar detritus en zonas habitadas.

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