À bout de soufflé

Al final de la escapada, o del suflé

Más no se puede pedir, señor Mas. Es usted la cumbre de la irregularidad. Supera a Wolkswagen en fabricación de vehículos defectuosos, a Hadidas en la comercialización de marcas falsas y a los crecepelos en falta de seriedad.

Mediante el robo del derecho a decidir _ si alguien lo tiene, lo tenemos todos _, basándose en una historia falseada, salpicada de afrentas a sus compatriotas, plantea unas ilegales elecciones plebiscitarias que birlan a los catalanes su derecho a votar unas autonómicas y de juzgarle con el señuelo de objetivos imposibles bajo banderas ilícitas que fracturan la convivencia para dinamitar la ley común y escapar de la jurisdicción ordinaria que lo persigue por supuestos delitos de latrocino contra caudales públicos. Uff. Demasié.

Hasta se ha redactado una constitución en la que se asegura para sí el puesto de jefe del estado, una de las iniciativas más bonitas que cualquier hombre puede realizar en vida. Ésa, y ordenar que se levante una estatua de oro con su egregia figura.

Si no le dan el premio Razzie al peor montaje del año es que no hay justicia en este mundo. Más no se puede pedir para hacerse con el galardón.

Llegamos al final de la farsa en distintos estados de forma. Los hay desfondados, eufóricos, intranquilos, acojonados, exultantes, impasibles o defraudados. Todo lo ha conseguido él a base de mucho esfuerzo personal por la causa y poco por el pueblo, con la inestimable ayuda de colaboradores necesarios que se apuntan a dinamitar lo que haga falta y que esperan llevarse a casa los cascotes más gordos que queden tras el barreno; pero si hubiese que elegir también al más deteriorado, el título recaería sin lugar a dudas sobre él. Ha conseguido que no haya en el mundo quien se fíe, y eso tiene su mérito. La peli se titula Al final de la escapada, como la de Godard.

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