Hoy comemos con Maritxell

Tú sí que eres pot, Maritxell

Es la anécdota del proceso entero y de parte del extranjero. Es la bomba, es genial, es sublime.

Da lo mismo las razones que movieron a Maritxell Genao para exclamar ese contundente y sincero “Gilipollas” cuando mitineaba a favor de Catalunya Si que es Pot, dirigido a una seguidora que enardecida, le daba su apoyo.

Da lo mismo, porque aún queriéndose escudar en que la partidaria utilizó el castellano cuando Maritxell hablaba en catalán, el insulto en lengua vernácula es “gilipolles”, y eso no se escucha; es decir, la insultó en castellano, que duele más.

Y si lo hizo al pensar que la mujer se creía las bobadas que la otra soltaba como un loro, peor me lo pones.

En realidad Maritxell no se escuda en nada. Solo dice que es novata, que se puso nerviosa y que se equivocó. Vamos, que quería llamarla “simpática” y le salió “gilipollas”. Menuda candidata de mierda. Perdón, me equivoqué; quise decir de miedo.

Hay ocasiones en las que el subconsciente te juega malas pasadas y acabas diciendo precisamente lo que tratas de ocultar por todos los medios, pero no es el caso. Lo de la mitinera es espontáneo, natural, fresco cual lechuga mañanera. Le sale del alma, en plena consciencia de que eso es lo que piensa de su incondicional. ¿Por qué?

Muy sencillo, porque Maritxell sabe, mejor que nadie, que es una sarta de estupideces engarzada a modo de chorizos para captación de incautos. ¿Novata ella? ¡Qué va! Sabe más que los ratones colorados. Lo que no domina es el alcance de los micrófonos.

Lo mismo que ella tienen que pensar los fabricantes de alguna de esas bazofias que nos venden como exquisiteces cuando el consumidor alaba sus productos: Gilipollas.

Un comentario a “Hoy comemos con Maritxell”

  1. MIRANDA

    Llamar `”gilipollas” a votantes potenciales no parece la mejor manera de ganarse su confianza y respaldo, porque ocurre que la voz que la interrumpió la estaba animando, no insultando.
    - ¡Meritxell! ¡Tú eres nuestra gente! – gritó entusiasmada una fan, que no esperaba que su lideresa le correspondiese con ese sentido “Gilipollas!”, que seguramente es lo que ella piensa de sus posibles futuros votantes, ella sabrá por qué.

    “Cuando es la primera vez que una está en política, te pones nerviosa y te equivocas. Disculpas a todos por mi palabra inapropiada”, escribió Genao en Twitter minutos después de terminar el acto.

    En realidad la excusa no se sostiene porque con casi 40 tacos no es tan novata. Ha tenido varias profesiones e incluso ha sostenido un pleito con Bankia que la despidió, además de estar bastante curtida en movidas reivindicativas.

    Pasará el chaparrón y la gente olvidará la polémica de este exabrupto, que casi no lo es, devaluado por el tiempo y su uso persistente.
    En todo caso, no es la primera vez, ni será la última, en que un micrófono abierto juega una mala pasada a un político.

    Recordemos aquella rima del 5 a la alcaldesa Barberá por parte de un concejal. O el “Estoy hasta los huevos” de José Bono. O el coñazo que le daban los desfiles a Rajoy. O cuando Florentino le decía a Casillas sotto voce el repaso que les iban a dar en Gijón.

    En fin, Boss, que mucho más preocupante que una pifia de megafonía son los programas y las iniciativas de los populistas que aspiran a gestionar este país para que se parezca a Venezuela, Grecia, Cuba o Argentina, a los que tanto dicen admirar y hasta envidiar.
    Para eso les pagan!
    . Algunos ya están en ello, para nuestro mal.

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