Divagación biológica

Un tópico complicado

Se discute entre amigos _ mejor sería decir, se divaga _, sobre la ausencia de vida a la orilla del mar y en el campo. Todos los presentes están de acuerdo en recordar su infancia con minchas, cangrejos y anémonas alrededor del litoral, y de saltamontes, mariquitas y polillas hacia el interior. Hoy han desaparecido de las mismas zonas. ¿Nos los hemos cargado? ¿Se han ido a vivir lejos del hombre? Solo mantienen sus posiciones las hormigas, las moscas y los mosquitos. El caso de las abejas y la llegada de las avispas velutinas es punto y aparte.

En el grupo hay un experto, pero deja que cada cual apunte hacia donde le venga en gana. Saltan a la palestra el DDT, los ciclos y otras contaminaciones. Se habla de nuevas especies menos visibles y más resistentes.

Por razones que nada tienen que ver con el asunto a tratar, leo por lo menudo la vida de Galicia en el siglo XIX y constato que una de las noticias más habituales en los periódicos, tanto como hoy lo son los accidentes de tráfico, eran en aquellos años las detenciones, multas e incautaciones de dinamita y redes utilizadas para la caza _ pesca no cabe _, de truchas. En cada río, en cada zona, había docenas de personas dedicadas a despanzurrar peces mediante barrenos de minería en exacto cumplimiento del dicho que alude a los mosquitos y a los cañonazos. El hambre era el móvil de algunas explosiones, pero también abundaban las comilonas de quienes tenían las despensas llenas de otros productos. La ley las prohibía, pero el furtivo se arriesgaba en ruidos con tal de llenar la cesta nada más llegar a la poza. Si había diez detenciones por semana, otros noventa se libraban. Es posible que el Dicloro Difenil Tricloroetano haya tenido que ver en el cambio, pero otros muchos factores han ayudado, como esos niños con cubito que arrasan las poblaciones de cangrejos. Mejor dicho, arrasaban.

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