Rabinovich no lo es

Allá arriba se lo van a pasar en grande

A tenor de lo visto recientemente, no faltarán algunos imbéciles que desprecien, censuren o se incomoden con Daniel Abraham Rabinovich Aratuz, el fallecido miembro de Les Luthiers, a causa de su origen judío. Como él mismo decía, soy de ascendencia judía y de bajada con tendencia a la obesidad, pero el humor no casa bien con la intolerancia y sobre todo, con la ignorancia, que es la verdadera madre de todas las batallas.

Es muy singular el caso de Daniel porque en realidad la familia Rabinovich no existe, o al menos, no existe en la secuencia temporal que siguen casi todas las familias del mundo. La explicación a este fenómeno genealógico hay que buscarla en el bisabuelo de este notario / escribano que en su vida solo dio fe de su inteligencia, bonhomía y buen humor.

El caso fue que aquel hombre, habitante de la Gobernatura General de Bessarabia, la actual Moldavia, no había hecho el servicio militar por su condición de rabino y siendo su intención emigrar a tierras argentinas, compra la documentación de un fallecido que sí tenía los papeles en regla y adopta su identidad. Para redondear la historia, la casualidad quiso que el bisabuelo rabino fuese a dar con un muerto apellidado Rabinovich, nombre que mantienen el abuelo y el padre del humorista desaparecido, de tal forma que el drama vivido en Bessarabia _nada que ver con Arabia porque procede del apellido Basarab _, se transforma en comedia gracias a la mezcla judía, argentina y española.

No podré olvidar su primera actuación en España, el mes de mayo de 1974 en el Teatro Marquina, no solo por la novedad humorística que impacta a todos los asistentes, sino también porque al día siguiente afrontaba el último examen de Periodismo. Como era oral, creo que colé en las respuestas más de un chiste, influenciado por Daniel y sus compañeros. Desde aquel día no los perdí de vista.

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