Otro Tsipras

Lascuráin Paredes, el Brevísimo

El tic-tac ha llegado mucho antes de lo esperado. Pipino era el Breve por su corta estatura. Tsipras le puede arrebatar el título por razones temporales, aunque en este ranking de cortos recorridos la competencia es muy dura, pues tenemos el caso del mexicano Pedro Lascuráin Paredes, que fue presidente durante 45 minutos, récord mundial absoluto, y otros ejemplos notables, como el gabinete relámpago del barcelonés Serafín María de Sutton y Abbach Langton Casaviella, más conocido como tercer conde de Clonard, al que hay que añadir el título de marqués de la Granada, cuyo largo nombre contrasta con el exiguo período de mandato que disfrutó, dos días mal contados.

El presidente norteamericano William Henry Harrison estuvo 23 días al frente de la nación, pero su salida del poder se debió a la Parca, con lo cual no debería contabilizar.

Si hay elecciones, y todo parece indicar que serán inevitables, Tsipras se va, pero se presenta. No le valen los resultados de enero porque una tercera parte de Syriza, como poco, no aprueba el rescate, ni las negociaciones, ni la deuda, ni el euro. Él parecía que tampoco, pero la realidad del poder lo ha cambiado todo en siete meses. Ahora Tsipras será un candidato europeísta, o al menos, mucho más europeísta que antes, casi con posibilidad de aliarse con los partidos tradicionales frente a la Unidad Popular que anuncian sus desafectos.

Desde ese punto de vista, si logra mantener los mismos apoyos que en enero sin los radicales, podría decirse que Europa se afianza en la convulsa Grecia, pero han pasado tantas cosas en tan breve espacio que a saber por dónde salen las urnas.

Tsipras el Breve no quiere pasar a la historia con ese apodo e insiste. En cualquier caso, su segunda campaña electoral en ocho meses no se parecerá en nada a la primera. Ahora es un político mucho más experimentado.

Un comentario a “Otro Tsipras”

  1. Aureliano Buendía

    Pues yo voy a hacer un vaticinio: tenemos Tsipras para tiempo.

    Y habrá que reconocerle que es un auténtico maestro, si consigue mantenerse en el poder, no después de incumplir su programa electoral, que eso afecta a muchos, sino después de hacer exactamente lo contrario de lo que prometía.

    Es una prueba más de que la democracia es el menos malo de los sistemas: termina dando a cada pueblo los gobernantes que se merecen, aunque sea por caminos tortuosos.

    Si no fuera demasiado fantástico, pensaría que se trata de un agente al servicio de la troika, que fue introducido en la izquierda griega para gestionar y desactivar la indignación ciudadana.

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