Joaquín y Rita

Chico y Rita. Podría parecer un bofetón

Que todos los políticos sean corruptos, que los niños famélicos de Madrid sean diez veces más de los que existen, que no hay denuncias falsas de malos tratos y denostar cualquier noticia positiva que emane del Gobierno son patas de una misma estrategia destinada a convencernos de que la perversidad es inherente a la Constitución del 78, sencillamente porque dentro de ella no caben totalitarios, ni bolivarianos.

Quien se apunte a ella está condenado a perder objetividad y verdad, de la misma forma que lo están quienes pintan en paisaje de colorines rosáceos, casitas de chocolate y pajaritos piando. No es cierto, hay buitres.

A Joaquín Leguina se le ocurrió meterse con una de las cuatro patas, la de los malos tratos, y dijo que quien resalte hoy en España la existencia de denuncias falsas es considerado un machista.

A la chepa del expresidente le saltó Rita Maestre para espetarle que sí, que prácticamente todas las denuncias eran verdaderas, salvo el 0,010.

Puestos a citar estadísticas de la Fiscalía General del Estado, y teniendo en cuenta que solo el 65 por ciento de todas las denuncias presentadas han concluido con sentencias condenatorias, cabe pensar que el 35 por ciento restante, o eran falsas, o poco fundamentadas. López Aguilar estaría de acuerdo con esa suposición.

En cualquier caso, no se trata de rebajar la malignidad de los malos tratos, que son malos como el demonio, sino de no dejarse llevar por propagandas intencionadas y convertir en realidad la idea que cada uno alberga en la cabeza porque le interesa.

Seguramente, tanto Joaquín como Rita no tenían presente el caso de Jesús Muñoz, que combate la persecución a inocentes que se produce al socaire de hacerlo contra culpables. Lucha contra ella porque considera que las 7 denuncias 7 puestas contra él por su mujer son falsas las siete. Vamos, el cien por cien.

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