El dracma del corral

Merkeltsipras

El gran problema de las negociaciones entre Europa y Grecia es que sus actuales dirigentes quieren largarse dejando atrás un pufo de colosales dimensiones. O eso, o que se les pague la mamandurria gratis et amore.

Desde el primer momento en que el nuevo gobierno de Tsipras se hizo con los mandos no se ha visto ni la más mínima voluntad de permanecer en la UE como socios fieles y responsables, más allá de acusar a los acreedores de ser ellos los culpables de la deuda, el viejo recurso de los malos pagadores.

La última pirueta, la de convocar un referéndum días después de que se agote el plazo establecido y con la recomendación de votar No, confirma que Tsipras aspira a ser el gallo del corralito, a hacerse un venezolano y a esperar que Iglesias consiga llevar a España hasta otro abismo donde estar juntos en la miseria. Todo eso aderezado con mensajes grandilocuentes sobre la dignidad de los pueblos y la madre que los parió.

Lo de Grecia está cada vez más cerca de conseguirse. Lo de España, a día de hoy, parece más complicado, pero al menor descuido nos hacen un griego y siempre habrá quien aplauda con las orejas.

Con Franco en el poder, la gran aspiración de sus opositores era homologarse a Europa; una frase en la que se fundían tanto las ansias de democracia, como las de participar en una economía común, libre de sobresaltos y repleta de prosperidad. La aspiración incluía el destierro de cualquier forma de dictadura. Grecia también se unió con esos pensamientos, pero ahora todo se reduce a un referéndum en el que se obliga a los griegos a votar su salida. Da la impresión de que Tsipras lo traía escondido en su programa electoral y que durante estos seis meses no hizo otra cosa sino preparar las condiciones idóneas para plantearlo. Quiere un corral.

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