Manos a la obra

Ignacio, el de la idea

Entre las aportaciones de los nuevos partidos regeneracionistas destaca con luz propia aquélla que aboga por eliminar de cuajo el Ejército y la Policía _ suponemos que Benemérita incluida _, por ser instituciones represoras y perversas como Maléfica.

Tiene sentido. Sin Ejército no hay guerras, y sin Policía, no hay delincuentes. Podríamos añadir a la lista de indeseables la Red Hospitalaria para acabar con las enfermedades y las escuelas, para erradicar la ignorancia. Las ventajas que se alcanzarían suprimiendo entes no tienen fin. Piensen tan solo que sin carreteras acabaríamos con los accidentes y de ahí a la utopía solo nos quedaría secar el mar para que nadie se ahogase.

El señor de la idea se ha ganado el beneficio de la duda, no vaya a ser que nos estemos perdiendo la panacea universal y la rechacemos por boca de ganso. Ahora bien, ya que la eliminación del Ejército de modo unilateral solo serviría para que otro extranjero nos papase de un bocado un martes por la tarde, proponemos que sea nombrado embajador de la paz y visite a los países haciéndoles ver las maravillosas consecuencias de suprimir sus respectivas fuerzas armadas, empezando por los yihadistas de DAESH y terminando por Suiza, que tiene un ejército suavecito limón.

Finalizada su misión, vuelve a España y lo celebramos con el pase a la reserva de oficiales, suboficiales y tropa, pues es de suponer que su plan no contempla cortarles el gaznate, como acaba de ocurrir en Francia.

En cuanto a la Policía, el trabajo se presenta más complicado, habida cuenta de que sea unilateral o conjunta la supresión, nada nos libraría de que la delincuencia se frotase las manos e hiciese su agosto todos los días del año. Como podrá comprobar, estamos receptivos a las novedades.

Un comentario a “Manos a la obra”

  1. José

    Siento disentir, sólo decirte que la pacífica Suiza es un verdadero pueblo en armas. Todo varón mayor de 18 años está obligado a acudir a las llamadas Escuelas del Ejército, nuestros llamados antiguamente C.I.R.s (Centro Instrucción Reclutas), dónde es instruido en el manejo del arma o armas reglamentarías. Sólo Oficiales y Suboficiales son profesionales, así como los Pilotos del Ejército del Aire. El “reservista” una vez pasado la instrucción reglamentaria puede si así lo desea poseer en su domicilio el fusil adjudicado, el uniforme, casco, botas y demás artículos, como la famosa navaja suiza, así como la dotación de 200 cartuchos que están empacados en una caja metálica a modo de lata de sardinas con la prohibición de abrirla salvo movilización general o cuando es llamado una vez al año a maniobras con su Unidad. En este periodo de maniobras la empresa, centro o administración donde ejerza su trabajo está obligada a retribuirle los días ausentes como presentes. Otra cosa que pasa inadvertida a los ojos profanos son los tramos de Autopista rectos y con túnel en cercanías. En menos de una hora ese tramo se convierte en aeródromo militar, se retiran las medianas convirtiéndose en pistas de despegue y aterrizaje y los túneles en improvisados hangares. Suiza es uno de los principales países fabricantes y exportadores de armas. En sí es un verdadero pueblo en armas. Dato histórico no conocido es cuando la Alemania nazi invadió Austria y Checoeslovaquia, Suiza colocó 300.000 hombres de su Ejército en la frontera para salvaguardar su territorio.

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