Martinazo

Sorpresa, sorpresa

Lugo tiene una propensión natural para resolver las elecciones de forma diferente y los episodios que jalonan su historia no dejan lugar a dudas; aquí, dos y dos puede deparar una suma insospechada.

Santos Martínez Saura, el secretario de Manuel Azaña, recoge en sus memorias los bramidos que el presidente de la República expelía cada vez que “los de Lugo” protagonizaban algún episodio sui generis en las urnas. Las del 31 fueron anuladas para ser repetidas y Azpiazu sirvió de diana para el cabreo. Fole disfrutaba recordando lo sucedido en torno a las actas de Abadín, un suceso con los ribetes del pucherazo clásico.

El carallo 29 _ el artículo de ese número en la Ley Electoral de la Restauración _, fue el instrumento para legalizar componendas y también dejó en Lugo un amplio reguero de casuística pintoresca.

La anulación y repetición de elecciones fue moneda corriente durante años y bastaba referirse a “lo de Lugo” para saber de qué se estaba hablando. La propia gestora municipal con la que se vuelve a la democracia en la capital entronca con esa tradición, sin que al decirlo signifique establecer un paralelismo de irregularidades; en todo caso, de singularidades.

Ahora se ha vivido otra votación que se distancia de los cánones y que da mucho que hablar, aunque como tantas veces ocurre, para decir lo primero que se te cruza por la cabeza.

A César Mosquera, portavoz el BNG en la Diputación pontevedresa, le salieron las cuentas para calificar la votación de tamayazo _ transfuguismo del PSOE a favor del PP que dio el poder a Aguirre _, y su éxito ha sido grande, porque hoy media España cree que en Lugo se ha dado esa figura. Y no hay tal. Lo de Lugo en esta ocasión ha sido un martinazo, que no es lo mismo. Al menos, hasta donde se sabe.

Un comentario a “Martinazo”

  1. Aureliano Buendía

    Me cuentan que, si pudiera volverse atrás el tiempo, nada más que una semana, el episodio de la sesión constitutiva de la Corporación Provincial de Lugo, no se produciría.

    Los muchachos del BNG jugaron fuerte, con la seguridad de quien tiene al compañero de viaje sujeto por las gónadas. Era imposible que el PSdG no solventara sus problemas internos, y no presentara un candidato alternativo a Martínez. La lógica política así lo decía, y también lo avalaba el reciente sacrificio de una vaca sagrada como Orozco, en el altar de la conveniencia municipal.

    Pero imposible es sólo una palabra, y estos buenos chicos del BNG no contaron con que podían surgir elementos de difícil control, como puede ser la reacción de un individuo, uno sólo, que no está dispuesto a pasar por el aro. Y les avisó: “A mí no me harán un Orozco”. Y no le creyeron. Y pasó lo que pasó.

    Los muchachos del BNG no creyeron verse sin su poltrona, y ahora están como noqueados.

    Ahora, ya consumado el destrozo, interesa sumamente reparar las consecuencias. Y no tardando mucho, porque Elena Candia ha de estar poco tiempo en la Diputación, el menor posible. Por dos razones: para evitar que pueda sacar rédito electoral de un hipotético buen hacer y, sobre todo, para que no tenga demasiado tiempo de hurgar en los cajones, que nunca se sabe lo que puede encontrar.

    Y para ello, hay que articular, lo antes posible, una moción de censura, en la que los disciplinados Diputados del PSOE y los traviesos chicos del BNG deberán votar, ordenada y mansamente… por Manuel Martínez.

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