Al gusto particular

Xelo Huertas al lado de una bandera constitucional. Será por pocos días, porque ella es republicana

Xelo Huertas, nueva presidenta del Parlament balear, ha impartido una breve, concisa y esclarecedora lección con la que explica por qué este país llamado España no tiene a la vista remedio político y cómo es que siguen llegando a sus instituciones personas que no tienen ni repajolera idea de gobernación, que no creen en ella, ni en nada que mínimamente se le parezca.

La lección magistral tuvo lugar a las pocas horas de hacerse con el cargo, una celeridad que anuncia todo lo que doña Xelo puede depararnos en los cuatro años que le quedan por delante, tiempo suficiente para que asistamos a un master o dos, como poco.

Nada más entrar en su despacho, y al ver que en él existía un retrato del rey, ordenó al equipo habitual de ujieres que lo retirasen. Estos funcionarios son hábiles en retirar cuadros y realizan su trabajo con una precisión admirable. Por si cupiesen dudas sobre su recto proceder, explicó con voz de sandwich mixto: “Yo soy republicana”.

Dentro del arco de posibilidades es una suerte, porque doña Xelo podría haberse declarado yihadista y decretar la inmediata voladura de la catedral de Santa María de Palma.

La lección de la presidenta es reveladora. Le importa un pepino dónde vive, de dónde viene, qué significa convivir, cuál es la función de las leyes, qué son las instituciones y qué representa un parlamento. O no le importa o lo ignora, a cual opción peor. Solo sabe que ella es republicana y arrea, que vas a por hilo.

A saber dónde realizó el cursillo acelerado de ciencia política y cuáles son sus fuentes de conocimiento, pero se intuyen resecas como el toldo de una jaima y peligrosas como un nublado. Si a ello añadimos que ha recibido el 14,69 por ciento de los votos, la tormenta adquiere visos de perfecta.

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