Adamismo e instrucción

Adamistas en rueda

Una de las características de esta España que emerge dentro y fuera de los centros de poder es un adamismo tan simplón como osado. El sentido inicial de la palabra hay que buscarlo en el Panarion de Epifanio de Salamina, allá por el siglo IV, cuando este autor define así a los grupos de cristianos ultraortodoxos que predican vivir en completa desnudez porque Adán y Eva también lo hacían en el Edén.

Los adamitas desprecian todo lo ocurrido en los sesenta millones de años de evolución y lucen sus carnes encantados de la vida. Mucho tiempo después, el concepto de adamismo va a servir para definir a aquéllos que desprecian lo conseguido por las generaciones anteriores, a los que se creen haber inventado la rueda y en general, a los que mucho ignoran.

El peligro que suponen los adamitas suele ser limitado, pues las sociedades establecen controles para que su área de influencia se reduzca a las barras de los bares donde son fácilmente localizados y catalogados por el resto de contertulios; sin embargo se sospecha que se ha producido una fuga y que alguno de ellos consiguió zafarse de los controles y hoy toca poder.

Sin duda se trata de un fallo en el sistema de conducción política debido al uso de cañerías deficientes, ya que en ningún otro ámbito, ni siquiera en aquéllos de menor responsabilidad o transcendencia, es concebible que el grifo quede en manos de quien desconoce la teoría de los vasos comunicantes, como mínimo; o si la conoce, que pretenda actuar al margen, bajo el grito de “no se derrama, no se derrama”.

Convencidos de que siempre se ha derramado, apelamos a la Universidad y a otras instancias educativas para que habiliten un plan urgente de instrucción para adamitas en el poder y para que les hablen de Arquímedes.

Un comentario a “Adamismo e instrucción”

  1. sergio

    No dejan de tener cierta coherencia, en la medida que suelen dejar en pelota al personal donde llegan a mandar.

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