Material didáctico

Enseñando a ser bestia

Hay un juego llamado Golpea a tu profesor, cuya gracia consiste en mostrar diez maneras que tiene un rapaz con pinta de cursar sexto de la ESO para matar, torturar o envenenar a un señor con pinta de docente, después de que éste parece amonestarle por lo mal que le ha salido un examen.

Las agresiones son de lo más variadas y en la animación de los muñecos no hay ahorro de sangre ni de disfrute en la administración de violencia, que siempre termina con el alumno saliendo del aula muy formal, como si acabase de ayudar a una ancianita a cruzar un paso de peatones.

El sindicato del profesorado ANPE solicita su retirada y por supuesto habrá quien lo defienda enarbolando la bandera de la consabida libertad de expresión. No sabíamos cómo sería el fin del mundo, pero ya está la duda resuelta. El planeta desaparecerá de la Vía Láctea por una sobredosis de libertad de expresión porque Hitler, qué carajo, tiene todo el derecho del mundo a gasear.

Cómo no será el amorcillamiento generalizado que en algunos medios donde se informa del jueguecito, también se encuesta a los lectores sobre lo que se debería hacer con él, como diciendo, ¿habría que prohibirlo, hacerlo obligatorio en todas las escuelas, darle el premio Princesa de Asturias a la Convivencia, mandarlo en una cápsula para que los extraterrestres se decidan a intervenir?

No sé. Lo que ustedes digan. Si se trata de acabar cuanto antes, lo mejor es envolverlo con cuidado y remitírselo por mensajería a los yihadistas, porque quizás a ellos todavía no se les han ocurrido tantas masacres contra los pedagogos y están encantados de saber que aquí también colaboramos con el apocalipsis.

No hace falta que él último apague la luz. Hace tiempo que nos cubren las tinieblas.

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