Nos la pedimos

Debajo no estará el alcalde

El presunto alcalde de Santiago _ presunto, pues se sospecha que lo va a ser _, anuncia que el día siguiente de ser entronizado no piensa dedicarlo ni por asomo a realizar en Lugo la Ofrenda del Antiguo Reino de Galicia, en cumplimiento del voto solemne de 1669. Vamos, que va a inaugurarse faltando a un compromiso que se establece siglos antes de que él nazca.

Sus razones son de peso, pues se acoge a la sacrosanta laicidad que ordena a los cargos públicos no mezclarse en lo divino, lo cual está muy bien traído, pues vistas algunas de sus maneras, poco o nada de divinidad se encuentra en ellas.

El asunto radica en saber qué actitud va a mantener a partir de ahora el alcalde de una ciudad que nace, crece y se desarrolla por, para, según, so, sobre, tras la Iglesia; que sin ella carece de historia y de sentido, que en todo el mundo es reconocida como uno de los centros espirituales de mayor influencia y nombradía, que a ella acuden sin cesar peregrinos de zapatilla, pedal o embrague, que en ellos encuentra razón de ser para muchos de sus negocios, donde es difícil dar un paso sin toparse con su huella, que se llama Santiago y que se apellida Compostela. Es decir, que si lo nombran alcalde de La Meca, al día siguiente los musulmanes rezan mirando hacia Burela.

Los de Lugo, ya lo sabrá el señor alcalde en ciernes, profesamos un gran respeto a Compostela, no exento de algún reproche histórico por cómo nos birló la condición de ciudad sagrada, centro de peregrinaciones y mando del Altísimo sobre el apóstol. Cosejas que no le importarán demasiado, pues son cualquier cosa menos laicas. Si piensa persistir en esa tendencia que se adivina desde antes de tomar posesión, le rogamos nos avise con tiempo, ya que podría resultar de interés para los lucenses recuperar la archidiócesis, el peregrinaje y lo que se avenga, que está la vida muy achuchá.

Comenta