Pitos y palmas


El mismo escenario

A la vista del estadio repleto de activos pitadores entusiastas, quiso la memoria traerme el recuerdo de otro de esos momentazos de nuestra historia que se repetía año tras año; como las uvas, la siega, Raphael y el pequeño tamborilero. Nos referimos, por supuesto, a las Demostraciones Sindicales del 1º de mayo en el Bernabéu y en ocasiones, en el Camp Nou, donde a bancada completa y sin pitos, pero con palmas, la masa rendía sonoro homenaje a quien preside la tribuna, tocado casi siempre de sombrero Homburg y esposa al lado.

Dirán ustedes que estaban instruidos para que así sucediese y es verdad, lo estaban. Igualico que ahora.

La facilidad con la que vira el viento es pasmosa y pavorosa. Pasma por lo rápido que se produce y provoca pavor porque nadie sabe en qué manos caerá la capacidad de decidir si va a ser cierzo o tramontana, si cálido o frío, si palmas o pitos.

El extraterrestre que aterrice y nos vea tiene que hacer obligatoriamente lo que relatan todas las crónicas de avistamientos ufológicos; esto es, dar una vuelta, tomar unas muestras, subir de nuevo a la nave y salir pitando a velocidades centrípetas para no volver ni en una escapada de fin de semana. Dicho todo ello sin que sea óbice para sostener que tenemos uno de los mejores jamones del mundo, aceite de calidad extra y vino como para una boda.

Entre el Bernabéu a rebosar de estandartes de Educación y Descanso, y el Camp Nou del pitorreo ha transcurrido medio siglo mal contado. En Madrid no caracoleaba Messi y el mayor extranjerismo admitido eran los grupos de Coros y Danzas de Guinea, a los que el locutor del No-Do trataba como “españoles de color”, como si los demás fuésemos como el agua, incoloros e insípidos. Pues pueden creerlo o no, pero somos los mismos, bípedos sobre la tierra viendo deportes.

Un comentario a “Pitos y palmas”

  1. scéptika

    Los rojos no usaban sombrero. Acreditado eslógan de una fábrica hispalense que conocí en mis años (muy) mozos. Fieltro de pelo de conejo, con perdón, prensado al vapor.

    El anciano general, finalmente derrotado por un valeroso ejército compuesto por flebitis, coronariopatía, hemorragia digestiva y fallo multiorgánico, prefería el Homburg a la parpusa, la chapela o el bombín anglófilo.

    Los barretinófilos y chapelófilos, cubiertos de plásticos regalados en colores patrióticos, chiflaron y berrearon a modiño.

    Igual que Balduino, remiso a que las belgas se quitaran el niño, dejó de ser rey unas horas. El muchacho tan democráticamente elevado a la cúspide del estado, bien podía haberse ausentado unos minutos. A pesar de su juventud (?) siempre podía haberse excusado con la próstata. Y a seguir cobrando. Ea,

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