El desembarco de Raqqa

El recuerdo de los 70 años

Ahora que el DAESH está cada día más rollizo, ahora que se permite pagar a sus muyahidines sueldos mileuristas y que disputa a los estados establecidos el control sobre más y más ciudades, ahora han considerado los equidistantes del bien y del mal que ya se puede alertar sobre el peligro que supone la nueva organización yihadista. Bienvenidos al club.

Después de años con un discurso de patética condescendencia, en las últimas semanas se clama incluso para que Estados Unidos revise su estrategia militar, algo que todos interpretamos de inmediato como una petición de que baje a tierra y que caiga Raqqa.

Algo de eso puede haber, aunque para tomar decisiones es fácil imaginar que Obama, como poco, quiera verse rodeado de la mayor aquiescencia posible, algo así como en el desembarco de Normandía, cuando ya nadie dudaba de que Hitler y su III Reich eran el peligro público número uno de la humanidad.

Las situaciones son en cierto modo parecidas, aunque la potencia del ejército alemán y del Eje Berlín-Tokio-Roma, frente a la de DAESH no admitan comparaciones. Sí lo son otros aspectos, como por ejemplo, su fanatismo y su ideología excluyente.

La pregunta es, ¿se habría llevado a cabo el desembarco con una opinión pública dubitativa entre las bondades y las maldades del nazismo, inmersa en la equidistancia, a merced de lo que Berlín decidiese avanzar, que no era poco, pues pensaba clavar la esvástica en ambos Polos?

De seguir esa deriva todavía estamos hoy preguntándonoslo, eso sí, vestidos de camisa parduzca y con gran dominio del paso de la oca. Y aunque hoy sea día para otro tipo de decisiones, convendría no perderlo de vista, sobre todo ahora que los equidistantes comienzan a flojear.

Comenta