El sillón abatible

800 pelas por unos grados de inclinación

Reclinar el sillón y descansar a la pata la llana mientras se acompaña a un familiar enfermo, fue el sueño de todos los que alguna vez se vieron obligados a vivir ese trance. Conseguirlo a través del pago de cinco euros quizá no haya sido la fórmula más deseada, pero seguramente muchos estaban dispuestos a pasar por la tarifa con tal de relajar la espalda y superar la noche en las mejores condiciones posibles.

En los últimos días, siete hospitales concertados de Cataluña se han dotado de tan fantástico mobiliario y ahora lo alquilan para los acompañantes al precio señalado. Gracias a esa estrategia, no solo les ha salido gratis la novedad, sino que dieron salida a un producto diseñado en exclusiva para esos establecimientos.

No se ha informado sobre el destino de los cinco euros, aunque se intuye que el cien por cien de los mismos revierte a la firma que los fabrica, que de esa forma realiza una venta a plazos, lenta pero segura.

La implantación del servicio ha desatado una catarata de críticas y burlas, muchas de ellas relacionadas con los gastos que la Generalitat realiza sin cuento para dotarse de embajadas en el extranjero. No abundamos al respecto porque entre los sillones abatibles y las poltronas diplomáticas hay demasiada diferencia como para compararlas.

Lo curioso del caso es el testimonio de una usuaria que optó por pagar las 830 pesetas de la cama _ ¿a que dicho así parece más caro? _, y no fue capaz de descansar en toda la noche. Protestó y tras recibir el silencio administrativo, se fue a casa en busca de una manta, se arrebujó y durmió a pierna suelta.

Ahora espera que le multen por no utilizar el servicio del sillón abatible, ya que es una afrenta como acudir a la embajada española en París, y no a la catalana.

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