Verde y doble

Éste que sale haciendo de Maduro no es Maduro

En alguna parte había leído que cuando Hugo Chávez conoce a Nicolás Maduro decide llamarle Verde, como apodo en clave de clandestinidad. Siento no citar la referencia porque no la he podido encontrar, de modo que si alguien cree que solo fue un sueño, no voy a poder defenderme.

Cierto es que hay un libro de Roger Santodomingo titulado “De Verde a Maduro. El sucesor de Hugo Chávez”, pero no lo he leído y desconozco si en él se aclaran las razones del bautizo.

De ser así, el anterior líder bolivariano habría demostrado un notable sentido del humor y don Nicolás, una manifiesta inexperiencia.

El recuerdo de ese episodio lo provocó la lectura de algunos comentarios que le dedican sus compatriotas después de escucharle decir en la Cumbre de las Américas: “Yo me encabrono cuando alguien habla de Venezuela”, basándose para ello en la teoría autocrática, según la cual nadie tiene derecho a interferir en la política de los otros países que se manejan de acuerdo a sus respectivas constituciones.

Maduro se encabrona con Estados Unidos, pero se olvida de si mismo cuando anuncia que el chavismo ya está en Grecia “y muy pronto estará en España”, una afirmación que encabrona a cualquiera.

En realidad ahora ha recibido más críticas por el lenguaje utilizado que por el propio mensaje, considerándolo en cualquier caso un verde y un inmaduro. Chávez crea escuela.

Si detrás de todo ello no hubiese tanto sufrimiento, sería una anécdota. Para colmo de disparates, el hombre que salió por la puerta de la cumbre donde el bolivariano fue un cero a la izquierda, no era Maduro, ni Verde, sino un sosias utilizado de doble para no soportar la cacerolada que le habían preparado. Como dice la única prensa crítica que le queda, ¿para cuándo los dobles del café, de la harina y del pan?

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