Tarde literaria

El día de autos en el Café Comercial

El 21 de abril del año pasado presentaba la novela La navaja inglesa en La Planta de Arriba del madrileño Café Comercial, que como su nombre indica, son unos salones para la celebración de actos en el primer piso de la histórica cafetería.

En el mismo lugar y a la misma hora, dentro de la campaña para las elecciones europeas que estaban convocadas en mayo, celebraba una reunión política el eurodiputado Juan Fernando López Aguilar, número cuatro del PSOE para renovar su acta.

Mientras esperábamos la hora del paseíllo, uno de los que estaban conmigo se acercó a curiosear en la otra sala y me vino con el cuento: “No te preocupes, López Aguilar tiene cinco y tú tienes cien”.

La verdad es que no estaba preocupado por la audiencia que pudiera sacarme el candidato al Parlamento de Estrasburgo, dada la naturaleza tan dispar de ambos actos y dada la cantidad de madrileños que existen y que podrían llenar esas dos salas y otras cien mil que hubiese con convocatorias en aquel instante. Tampoco sé si la pretensión de López Aguilar era reunirse precisamente con esos cinco, o por el contrario esperaba recibir el centenar que yo tenía sentados para lanzarles inmisericorde el rollo literario.

El caso es que acabamos al mismo tiempo, y ya en la Glorieta de Bilbao, con los deberes cumplidos, nos miramos como se deben mirar en un descanso de las oposiciones los candidatos a la única plaza de Notarías. No sé por qué, pero fue así.

Lejos estaba de sospechar que al cabo de un año él se convertiría en un personaje literario de primer orden. Un exministro de Justicia envuelto en un turbio asunto de supuesta violencia matrimonial después de haber sido él el creador de la ley que trataba de combatirla. Lo pones en una novela y te tachan de fantasioso. Y eso que todavía vamos por el primer capítulo.

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