Campaña alternativa

El rap

Llegadas las épocas electorales, a muchos políticos, a sus compañeros sentimentales o a sus consejeros áulicos, les da por hacer extrañas incursiones en campos ajenos a su especialidad, que ha de ser la de la buena administración.

Se entiende que les atraiga el ejercicio inaugurador porque es propio de su condición y porque en la mayoría de los casos prueba la culminación de un proyecto, aunque haya sido concebido y diseñado por el partido al que ahora le disputa los votos. Son gajes del oficio y el ciudadano bien intencionado sabe que el éxito, en caso de haberlo, es el de un sistema que funciona.

Desde hace tiempo, con buen, mal o regular criterio, les hemos quitado la capacidad inaugurativa en los períodos previos a las urnas y se han desatado.

Hasta el momento la palma se la lleva el rap de Monago, una composición de ese estilo musical, realizada mediante la sucesión de citas textuales del presidente de Extremadura, que suponemos pretende instalarse en el acervo cultural de las juventudes para que las repitan con cadencia a modo de letanías.

De entre todas, descata aquélla que proclama “Extremadura, como única doctrina”, que incluso da un poco de miedo a quienes no tenemos la fortuna de haber nacido en el valle del Jerte, adornados todas las primaveras por el precioso paisaje de los cerezos en flor.

Los hay que pegan su foto sobre el careto de Superman, y en México hemos localizado a un candidato apellidado Baquero que se hace cantar una ranchera por medio de una señorita ligera de atavíos mientras susurra al votante: “¡Ay, mi Baquerito!”

Es de imaginar que Freud encontraría en todos ellos razones del subconsciente que las expliquen. Las de Monago, sin duda alguna, estarán relacionadas con una deficiente educación musical durante el bachillerato.

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