Los otros

Marisa y Pablo

Anuncian algunos medios que el corazón de Pablo Iglesias tiene nueva propietaria, su colega portuguesa en el Parlamento Europeo Marisa Matías, eurodiputada del Bloco de Esquerra. Vete tú a saber si han cenado una noche juntos, o por el contrario, ya se han declarado amor eterno en el paso fronterizo entre San Martín del Pedroso y Quintanilha.

Cualquiera de los dos supuestos nos han de traer al fresco, casi tanto como los resultados de la tercera división de petanca en la Isla de Man, en el caso de que exista. Pero ello no evita que sea una información devorada con avidez caníbal, tanto o más que la lista de la pedrea en el sorteo de Navidad.

Confieso que yo lo he hecho con la malsana intención de verle el rostro a la chiquilla y compararla inmeditamente con el de Tania. Mira tú qué marujada. Seguramente responde a una tendencia atávica ancestral sufrida por nuestros antepasados cuando les hablaban de Salomón y la reina de Saba, y se comían las uñas pensando cómo tendría las pestañas la ladrona del corazón del rey.

Ítem más, no solo contento con verle el careto a la lusa Marisa, di en sumergirme con ánimo muy sociológico entre los abundantes comentarios que la información suscitaba y comprobé con cierto pasmo que la mitad de ellos, dicho así, sin porcentajes, clamaban al cielo preguntándose a quién podría interesar semejante noticia, sin sospechar ni por un instante que era a ellos y no a otros, pues condición indispensable para expresar su desacuerdo había sido ir, ver y pinchar sobre tan banal asunto.

Lo mismo nos ocurre en los atascos, en las caravanas y en las playas atiborradas, cuando nos da por protestar de la multitud acumulada.

¿Qué es mogollón? ¿Y tú me lo preguntas? Mogollón eres tú.

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