La guerra de Garrido

Parte de las víctimas

A saber las informaciones que maneja o las intenciones que busca el diputado Diego López Garrido cuando establece, en original análisis, que la matanza de los universitarios de Garissa, en Kenia, es una guerra de religiones.

Sabemos que los atacantes eran islamistas y las víctimas, cristianas; pero de ahí a deducir que se trata de una guerra faltan no pocos requisitos.

Desde la cómoda distancia que separa España de Kenia, lo que se observa a primera vista tiene todas las papeletas para ser considerado un genocidio; sí, como el de los arios contra los judíos. Unos ponen los asesinos y otros ponen los muertos. Hay genocidios de raza, de religión o de territorio, e incluso los hay que mezclan todo.

Gracias a la comparación con lo que está ocurriendo en otros lugares, el diagnóstico tampoco está reservado a especialistas, motivo por el cual al señor López Garrido le está cayendo un choteo considerable.

Él, que estudió los rudimentos culturales y algunos más en el colegio madrileño de Santa María del Pilar, el mismo centro donde veló armas Felipe Juan Froilán para hacerse bachiller _ aunque con menor aprovechamiento _, debería volver a la palestra y explicarnos las razones que le han llevado a tan fantástica conclusión y quizás así, comprendiéndolas, se supiesen dónde están los campamentos de las fuerzas cristianas, dónde alistarse y dónde refrescar el manejo del CETME, o el HK G36 que lo sustituyó.

Es posible que a la opinión pública le falte información sobre las peligrosas enciclopedias que manejan en Garissa, susceptibles de ser arrojadas sobre el enemigo con efectos devastadores.

Como dijo un superviviente, lo peor de todo es que no tendrá repercusión “porque no han matado a ningún blanco”.

Un comentario a “La guerra de Garrido”

  1. SEito

    El Garrido si que sabe lo que es amor al blanco, pero al del palco vip del Santiago Bernabeu.

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