Zumo camarada

Conozco las capturas de Thierry, del ex alcalde de Andoain y de los otros tres semovientes con delectación impropia de un ser humano. Lo siento por todos los que se la cogen con papel de fumar, pero a este menda, bien por inusuales, bien por compensatorias, cosas así le causan una profunda satisfacción; por lo menos, de golpe. Algo así como un zumo camarada, que era el máximo reconocimiento con que el que acostumbraba a calificar Arturo Fernández de la Vega todo aquello que era de su agrado, vayan ustedes a saber por qué.
Arturo acaba de dejarnos solos con nuestras miserias, con nuestros continuos titulares sobre las amenazas, extorsiones, algaradas, chantajes, chulerías, desprecios, bombazos, asesinatos, cínicos acuerdos de parlamentarios y demás comportamientos rufianescos, a los que algunos dedican toda su vida, quizá porque son incapaces de darle mayor provecho.
Una noticia de esa entidad contrarresta en parte el mal causado y sirve para romper el goteo usual de todo aquello que deciden poner en los periódicos los administradores de la violencia.
Por qué cae ahora Thierry y no a lo largo de los veinticinco años anteriores en los que se le suponen importantes responsabilidades dentro de la banda, es una pregunta que puede dar pie a ciertas suspicacias de gatos escarmentados. Han sido tantas las idas y venidas, las valoraciones, legalizaciones, prebendas y humillaciones cometidas en torno a los pistoleros que nadie se resiste ya a mirar debajo de la alfombra por si allí se ha escondido el polvo que parece barrido a conciencia. No es vocación de malpensado. Es la fuerza de la costumbre.
¿Nos pusimos las pilas o bajaron la guardia? ¿Hubo un soplo? ¿Molesta Thierry?
Seguramente Arturo ya sabe todas las respuestas.

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