Tricornios feministas

La campaña frustrada

Vamos a suponer que mil hombres han matado a sus mujeres, y una sola mujer se ha llevado por delante a su marido, por ejemplo, la Dulce Neus. La historia, las estadísticas y el sentido común contradicen esa suposición, pero admitamos esa proporción ad absurdum. Lo contrario sería dar por sentado que la mujer, por el mero hecho de serlo, está libre de cometer ninguna clase de tropelía contra su pareja masculina, sea matrimonial o con derecho a roce.

El Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, como no podía ser de otra forma, se ha ocupado de la violencia cercana y en todos sus dictámenes deja bien evidente que sus magistrados buscan la misma protección para mujeres y hombres, sin que el sexo de las víctimas tenga que ser un factor determinante.

Por eso es incomprensible que la Guardia Civil se haya plegado a las críticas recibidas por una campaña en la que daba el mismo tratamiento propagandístico a la violencia dentro de la pareja, sin distinción de quien la ejerciese.

Ya sabemos que el feminismo, desde sus posiciones más radicales, distorsiona la realidad para dar sustento a sus elucubraciones, pero de ahí a que la Benemérita las acepte como suyas hay un amplio tramo que no debería haber recorrido, salvo que haya decidido criminalizar al macho como elemento peligroso dentro de la sociedad, empezando por don Francisco Javier María de la Paz Bernardo Eulogio Juan Nepomuceno Girón y Ezpeleta Las Casas y Enrile, II duque de Ahumada y fundador del instituto armado de naturaleza militar, y por buena parte de sus miembros.

Las conversaciones en el paritorio pueden cambiar radicalmente. ¿Doctor, qué ha sido, niño o niña? Enhorabuena, ha tenido usted un hermoso maltratador de cuatro kilos seiscientos gramos de peso.

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