Nuevos objetivos

Resultados de la clase

Desde el frente valenciano se informa que se han alcanzado con éxito cotas de destrucción de la convivencia, el respeto y la educación que hasta fechas recientes eran prácticamente inimaginables.

El mérito de tales logros hay que apuntarlo directamente en las casillas de Compromís y de Escola Valenciana, partidos, entidades o cosas que propiciaron un taller de expresión plástica, también conocido como pintamonas, para que los niños de Agullent (Valencia) pudiesen pintarrajear a gusto, con cuernos, barbas e insultos, las fotografías de varios políticos que curiosamente pertenecían a otras formaciones.

El valor de la iniciativa es extraordinario, no solo porque las fotografías han quedado como el trapo donde Goya limpiaba sus pinceles, sino también porque los niños han comprendido que pueden vejar, ridiculizar y ciscarse en quien les dé la gana, aunque no tengan ni pajolera idea de lo que están haciendo.

Y lo que es más importante, a partir de la experiencia, puede abrirse un amplio debate en las instancias educativas sobre la aportación pedagógica de la gamberrada, desde el punto de vista físico, metafísico y astrofísico, algo que nunca está de más, pues habiendo tanta, seguro que sirve para algo.

Si sabemos insultarnos desde pequeñitos, las posibilidades de acceder a un puesto de tertuliano en cualquier plató de televisión crecerán como la espuma. Y ésos son puestos de trabajo. Necesitamos destrozadores de la convivencia, el respeto y los buenos modales, viejos prejuicios de una sociedad que creía en ellos antes del advenimiento de los nuevos educadores.

Propongo celebrar la Olimpiada del Burro. Gana el que consiga más faltas de ortografía en 100 líneas, 1.000 líneas y la maratón, durante todo un curso.

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