Babel en los Alpes

Piedra de escándalo

En Seyne-les-Alpes, la población más cercana al lugar del accidente, han colocado con irreprochable celeridad _ antes incluso de que sean identificadas todas las víctimas _, un monolito de homenaje y recuerdo que se redacta en francés, inglés, alemán y español, por ser los idiomas oficiales de los países a los que pertenecen la mayoría de las víctimas.

De esa forma quedaban fuera del monolito los idiomas supuestamente utilizados por víctimas marroquíes, iraníes, kazajas, holandesas, belgas _ si hablaban neerlandés flamenco _, bosnio-herzegovinas e israelíes. Y también otros idiomas oficiales existentes que por ejemplo, solo en Alemania, son el sorbio o sórabo, el danés y el frisón septentrional, así como siete variedades del alemán no estándar, que sumadas dan como resultado once.

Teniendo en cuenta que los idiomas mexicanos serían veinte y los españoles, cuatro, andaríamos cerca de los cien idiomas oficiales o cooficiales, sin contar los dialectos que también tienen derecho a existir.

Nadie ha planteado el mayor problema a la selección realizada quedándose con esos cuatro para evitar que en vez de monolito, aquello fuese la versión moderna de la torre de Babel. Nadie, excepto Carme Forcadell, presidenta saliente de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), que observó en el monumento una “grave falta de sensibilidad”, naturalmente por la ausencia del catalán, que posiblemente hablasen algunas de las víctimas.

El mero hecho de reparar en ese detalle, sin cálculo alguno sobre el conflicto protocolario que tal presencia originaría, pone en evidencia que la falta de sensibilidad, de cordura y de mesura no está en quienes realizan la selección, sino en Forcadell y en quienes como ella, piensan que su ombligo es el más hermoso del mundo de tanto mirárselo.

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