Low class

Disparando

El 5 de septiembre de 1989, un Ilyushin 62 _ un avión de fabricación soviética perteneciente a la compañía Cubana de Aviación _, se estrella cerca del aeropuerto de La Habana y causa la muerte de 145 personas, 125 viajeros o tripulantes, y veinte vecinos de las casas arrasadas en su caída.

En aquel momento no se escuchó que nadie exclamase “Maldita sociedad socialista” como desahogo de un lamento ideológico por la pérdida de tantas vidas, casi tantas como las de esta última tragedia en la historia de la aviación comercial.

No se oyó, entre otras razones, porque habría sido un disparate mayúsculo mezclar churras con merinas a las pocas horas de ocurrida la catástrofe, cuando ni los más curtidos investigadores tenían una idea concreta de lo que pudo haber pasado.

Bueno, pues este martes, cuando el avión era europeo y la compañía alemana, hubo un individuo, rápido como el rayo, que nada más conocer el suceso, disparó a matar y dijo “Maldita sociedad capitalista”, porque a su manera de pensar le venía bien que así lo fuese, porque lo diría en cualquier caso, y porque no da más de si en sus estrecheces.

Y todo, porque en sus entendederas, low cost le suena a timo, a avida dollars y a salvaje explotación. Le suena y lo suelta a bocajarro, a ver si algo pesca en el botín de la tragedia, aunque éste haya sido el primer accidente mortal de una compañía europea de bajo coste.

Y a su lado, otros merluzos, de igual calaña y distinto signo, se apresuran también a darle al dedo y vomitar su alegría porque muchas de las víctimas eran catalanas.

La competición por la bajeza moral alcanzada puede estar tranquila. No hay escasez de participantes. Abundan por doquier debajo de cada piedra. Nacen crecen y se reproducen satisfactoriamente en colonias numerosas de miles de individuos.

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