Los planes B y E

Azaña, al lado de una corona en un billete que no se emitió. ¿Sería por eso?

Se insiste en decir que Iglesias planteó en serio el referéndum monarquía-república, y luego, convencido de ganarlo para lo que no hay, se propondría como candidato para presidirla a Felipe de Borbón y Grecia, hoy llamado Felipe VI.

Eso se comentó después de aquel extraño encuentro que tuvo con Bono y Zapatero en compañía de Errejón, y la verdad es que no le dimos crédito en la certeza de que no serviría ni para un chascarrillo en una columna de humor como ésta.

Pero pasan las horas y la cosa sigue estando en los papeles, como el dinosaurio de Monterroso. Vamos, que te despiertas y sigue allí. Entonces es cuando piensas, coño, a ver si va a ser cierto y el día de mañana, por hache o por be, te pillan despistado y no puedes decir que este cura no es mi padre, ni este presidente mi rey.

La maniobra que presuntamente se expuso, _ aún conservamos reticencias a darla por veraz _, se lo pueden imaginar, nos encanta. Tiene todo el regusto de la feliz inocencia que se necesita para disfrutar en alas de la fantasía con Alicia en el país de las maravillas y con aquellas fiestas deseadas por todos de los no-cumpleaños. Trescientos sesenta y cuatro días de charanga por uno de clarinete.

Zapatero tenía que estar hundido. ¿Cómo no se me habrá ocurrido a mí en ocho años? Se ve que no estaba el ambiente caldeado y ahora sí. Me imagino a Calvo Sotelo proponiéndole a Azaña reinstaurar la monarquía y ser él el primer monarca bajo el nombre de Manuel I.

No se rían, porque la escena es parecida. Sin Bono ni Errejón, pero parecida.

Así no es extraño que a la salida, el hombre comentase a su escudero: “Tengo otra idea que es la leche para acabar con los parados. ¡Los hacemos funcionarios!”

Y Crispín dijo: “¡Voto a bríos, Capitán; arrasamos!”

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