Iglesias, don Prudencio

Don Prudencio, en la portada de uno de sus tremendos libros

Prudencio Iglesias Hermida fue un escritor y periodista de orígenes lucenses que hizo crónica y crítica literaria en los albores del pasado siglo. Como buen tremendista, no sabía expresar una opinión sin salpicarla de algún rasgo violento, ya fuese hacia el autor comentado, ya hacia él mismo: “Esa pistola no te sirve para nada si no es para matarme”. “Preferiría un tiro por la espalda antes de que a un hijo mío le gustase Martínez Sierra”.

Así era la vida de don Prudencio, imprudente y desafiante. Claro que no era el único que se expresaba así. Andaban todo el día a la greña y hasta se mataban de verdad, como Vidal i Planas a Olmet.

Me acuerdo de Prudencio Iglesias, no solo por el apellido, cuando leo que Willy Toledo le promete a su hijo “dos hostias que le arranco la oreja”, si le sale de Podemos.

Salvo error o confusión, Toledo todavía no tiene descendencia, gracias a lo cual se garantiza que la amenaza está lejos de cumplirse, e incluso, que llegue algún día en que el hombre se vea impelido a realizar tamaña pedagogía de desorejamiento paternofilial.

Y menos mal que lo dice Toledo, porque en su boca, como en la de Prudencio y en la del resto de tremendistas, estas amenazas de abuso de autoridad, se toman a título de inventario. Si lo dice, pongamos, Carlos Floriano, que además de ser del PP, tiene dos hijas, se monta la picota en Sol y lo brasean con gas natural a lo yihadista.

No parece que vaya a ser necesaria la hostiferación, a poco que el niño o niña le salga a Toledo con dos dedos de frente, porque el líder de la formación, el homónimo de don Prudencio, a cada paso que da, y mira que solo lleva dos telediarios, demuestra con paso firme y sin arrugas que ni es la solución de nada, ni semejante arrogancia cabe por una puerta convencional, pues tropieza sin remedio con el dintel y las jambas.

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