La espada de Alejandro

Tsipras, en el acto de la espada con los chinos

Oyendo a Tsipras, oyendo a Varoufakis, el público tiene la sensación de que ambos regresan triunfantes de un campo de batalla donde han impuesto una por una todas las propuestas lanzadas durante la campaña electoral y los primeros días de gobierno.

Ocurre ese fenómeno porque ciertamente los dos personajes demuestran que son muy aprendidos _ giro local _, en el arte de la simulación, pues todo el éxito del que hoy presumen en su relación con Europa pasa por una serie de compromisos que en nada se parecen a su anterior discurso.

A saber, pasa por la lista de tareas a presentar este lunes conteniendo las líneas maestras de su inmediata política económica a realizar en pos de la austeridad y la recuperación _ vulgo, recortes _, que debe ser aprobada y admitida fuera de Atenas; por el pago íntegro de la deuda en el plazo y condiciones establecidas, y por la renuncia a adoptar cualquier medida unilateral que contradiga el espíritu y la dirección del objetivo a cumplir.

Si eso es el plan electoral de Syriza, que baje Zeus y nos los explique. Como también debería explicar Tsipras qué quería simbolizar cuando anteayer mismo le regaló a un representante chino la reproducción de la espada de Alejandro Magno, aquélla con la que el general macedonio corta el nudo gordiano, dando paso a un caudal de simbolismos que se prolonga hasta hoy mismo. ¿Quería que China le cortase su propio nudo gordiano de la gobernación?

Los españoles deberíamos saber mucho de esto porque teníamos los cordones del nudo ya cortados en nuestro escudo, pero vino el papanatismo y los eliminó. Es curioso que Syriza, en estos momentos difíciles, reivindique el símbolo y se lo entregue a los chinos. Quizás por eso Merkel, al enterarse, mantuvo una conversación de 50 minutos con el griego y acto seguido se anunció el acuerdo.

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