Ay, estos curiosones

Los periodistas que asistieron a la rueda de prensa del ministro de Sanidad habrán aprendido una lección que no se imparte en la Facultad, y que es de gran provecho para medrar en la Administración.
No ha sido el señor Soria, sino uno de sus altos cargos, de estepario apellido, quien dijo a los representantes de la Prensa que ellos, las autoridades gubernamentales, “no estamos para resolver las curiosidades de los periodistas”. Teniendo en cuenta que se trataba de un acto informativo, que los periodistas necesitan la curiosidad por imperativo social y profesional, y que en este caso se preguntaba por las marcas del aceite contaminado con hidrocarburos alifáticos _ seguramente con la intención de hacerlos públicos para general conocimiento de la población _, la mencionada frase es digna de figurar en la antología “Qué guapos estarían callados”, que está por escribir.
Si no están allí para satisfacer la curiosidad de los periodistas, ¿a cuento de qué convocan una rueda de prensa? Bastaba un comunicado como se hizo con las marcas limpias; pero claro, así no habría fotos ni otras imágenes tan queridas por ellos.
Ya se escucha la lección de mañana en clase de Reporterismo:
_… y sobre todo, guardaros la curiosidad en el transcurso de las ruedas de prensa, especialmente si están convocadas por un ministerio. Si es con Penélope Cruz y Raya, ahí sí, preguntad lo que queráis.
Lo que le faltaba a la profesión es que desde el Gobierno se acusase a sus miembros de cotillas. Eso pasa por dedicar tantos minutos a descubrir si Sarita Montiel llegó virgen al matrimonio, o si Belén Esteban va a llegar en bragas.
El responsable de turno se traga cuatro programas de éstos y luego llega a la rueda de prensa creyéndose Antonio David. Y ni mucho menos.

14 Comentarios a “Ay, estos curiosones”

  1. Jabato

    La reacción del responsable de la agencia de seguridad alimentaria (Víctor Lobo, creo que se llama) es altamente definitoria de su concepto de la libertad y de la función que desempeña la prensa en nuestra sociedad.

    En un país libre, esta declaración (junto con la dudosa gestión que se ha hecho del tema del aceite contaminado) provocaría que este señor fuera despellejado unánimemente por la prensa, lo que llevaría a su cese, más pronto que tarde.

    En la España de hoy, donde la sociedad está adormecida y la prensa, o bien ha renunciado a su papel esencial de información y crítica (enfangándose, como bien dice el Sr. Cora, en episodios de rosa y corazón), o bien está subvencionada o controlada por el poder de turno, nadie se escandaliza. No pasa absolutamente nada.

    Poca salud tienen nuestras libertades.

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