Arriba y abajo

We Can en El Economista

En apenas unas horas los titulares sobre Podemos _ abundantes en todos los medios, sean afines, indiferentes o refractarios _, han mudado de signo. Se han desprendido de la rendida admiración para instalarse en terrenos escépticos, cuando no de manifiesta animadversión.

En la metamorfosis ha tenido mucho que ver la beca graciosa del señor Errejón y la ingeniería financiera de su superior jerárquico, el señor Iglesias, que disimulaba una productora de televisión como cualquier otra bajo el palio sonrosado de una asociación sin ánimo de lucro, casi como Cáritas.

Estas cosas abundan en el panorama patrio y como abundan, ha sentado muy mal saber que quienes se postulan para ejercer de barrenderos son en realidad tan parecidos a lo que denuncian.

Pero siendo como somos muy sensibles a los aprovechateguis, no debemos considerar menor la influencia que ha ejercido en el cambio el análisis pormenorizado de los mensajes que Podemos lanza desde antes y después de las elecciones europeas _ verdadera razón de su espumoso ascenso _, así como las explicaciones de su líder ante entrevistas no complacientes, como fue la realizada esta semana por Ana Pastor.

Leopoldo Abadía lo trata de falso, The Economist se limita a señalar su debilidad y el común de los lectores coinciden en su carácter de imposible. Ellos se parapetan en una campaña hostil orquestada para frenarlos. Hasta en eso se parecen al resto. No podrá quejarse el señor Iglesias de la cobertura dada a su formación. No podrá, pero lo hace.

Curiosa trayectoria la de estas siglas que suben y bajan ochomiles a velocidades de vértigo. Es lógico que tantos picos y dientes de sierra produzcan mareo. Un poco de sosiego y grandes dosis de meditación le vendrían de perlas al alma atribulada.

Un comentario a “Arriba y abajo”

  1. Aureliano Buendía

    No tengo yo claro, todavía, que el fenómeno “Podemos” vaya a desinflarse así como así, aunque hayan tenido una semana complicada. No por el asunto de Errejón, porque ni siquiera los potenciales votantes de Podemos tienen tan poco sentido común como para equiparar la beca de Errejón, concedida en condiciones dudosas, con los casos de corrupción que afectan a los otros partidos. Ni aunque todos los críticos de Podemos se volvieran locos. conseguirían meter en la cabeza de la gente que es lo mismo la concesión dudosa de una beca de 1800 euros, que el uso millonario y multitudinario de las tarjetas black, o el quebranto millonario (por cientos de millones) de los ERES y los cursos de formación en Andalucía, o las máquinas de succionar dinero público como la organización “Púnica”.

    El problema de Podemos no viene por ahí, sino porque, de repente, o casi, todos los medios de comunicación que llevan años riéndoles las gracias, parece que les han retirado la bula. Y, claro, cuando eres un producto de las tertulias televisivas, que sin ellas no serías nadie, si en ese campo pasan a tratarte como a los demás, pues estás jodido.

    De esto se habrá dado cuenta el profesor Iglesias en esta semana. De lo fácil que es dar clase en una facultad donde el férreo control ideológico impide la más mínima divergencia con la línea dominante en el profesorado, o lo sencillo que es pontificar sobre la “casta” en un foro televisivo hecho a tu medida, donde los presentadores te tratan con especial cariño y los adversarios que te ponen son una banda que se las ve y se las desea para alcanzar la categoría de digno “sparring”. Así cualquiera, D. Pablo.

    Y, me pregunto yo: este súbito cambio en los medios de comunicación, ¿a qué se debe?.

    Y contemplo dos posibilidades:

    - La primera, que los responsables de tales medios de comunicación se hayan dado cuenta del flaco favor que están haciendo a la sociedad al promocionar a una formación política que promete demoler el sistema sin tener claro en absoluto lo que edificará en el solar. Y que hayan decidido ponerle en su sitio, a pesar de que ello pueda perjudicar sus índices de audiencia.
    - La segunda, que la oligarquía empresarial que anida detrás de los medios de comunicación (de los más progres, también, por supuesto) considerara a Iglesias un experimento interesante, en términos de agitación del panorama político y, desde luego, en términos de “share”). Ahora, esa oligarquía se da cuenta de que el experimento se les está yendo de las manos y que, además de arrasar el país (lo que les importa muy poco), la llegada al Poder del profesor Iglesias pudiera perjudicar seriamente los intereses económicos de esos grupos empresariales. Y, rápidamente, le cortan el grifo.

    Después de mucho pensarlo, y en función del paupérrimo concepto que tengo de la raza humana, especialmente de la subespecie celtibérica, me decido por una de las dos explicaciones. No diré cuál.

Comenta