Lo fácil y lo difícil

La Guardia Civil en el lugar del crimen, un edificio oficial

La lucha contra la corrupción no es un arcano de imposible formulación, ni una utopía irrealizable. Es más, se parece a la lucha contra la delincuencia, pero incluso nos atrevemos a decir que es mucho más sencilla que ésta; queriendo, claro.

Ambas se dirimen en tres grandes campos de batalla, la prevención, la curación y la penitencia. Por decirlo rápido, prevenir es construir un país con un fuerte sentimiento comunitario, honrado, culto, responsable, solidario y autosuficiente en lo económico. Casi ná.

Mientras veamos la corrupción como una plaga bíblica, pero aplaudamos con las orejas cualquier intento particular por burlar las obligaciones comunitarias _ y aquí se abre un amplio abanico de actitudes individualistas de semidelincuencia que van desde el gamberrismo al fraude fiscal _, siempre quedará camino por recorrer.

En el siguiente peldaño, el ámbito donde debe ser curado el mal, es donde la corrupción, al menos sobre el papel, ofrece más ventajas que el resto de la delincuencia, porque no son garitos de los bajos fondos, ni zulos, ni cuevas en recónditas cordilleras, sino despachos de la Administración. Sus autores no son prófugos, ni mafiosos con doble documentación, ni psicópatas confundidos entre la masa, sino personas con nombres y apellidos, nombrados para ocupar esos puestos, reconocidos en más fotografías que el pequeño Nicolás, que manejan papeles oficiales, que pertenecen a una estructura piramidal y que deben rendir cuentas de cada paso que dan.

El Estado de las autonomías permite que el control de toda esa actividad haya dejado de ser único, pero eso no impide que la nómina de presuntos haya salido alguna vez publicada en un diario oficial, lo cual favorece que se imposibilite el delito mediante instituciones que ya existen. Basta que funcionen.

2 Comentarios a “Lo fácil y lo difícil”

  1. MIRANDA

    Con toda lógica y sentidiño pones el dedo en la llaga, Boss.
    Como comentábamos días atrás, no estamos a falar de abstracciones delictivas o castigos bíblicos, sino del hecho real de que estos bribones de guante blanco que ocupan las portadas, han salido de familias españolas que comparten la filosofía de que es tonto el que pudiendo enriquecerse a costa del “dinero que no tiene dueño”, no lo hace.
    De hecho, a pie de obra, el español comprende y justifica la picaresca que da acceso a una beca, una baja médica, una prejubilación, una subvención, un enchufe o cualquier otro momio injustificado, no digamos el fraude fiscal o el sobrecogimiento. Todo con la natural satisfacción y admiración de su entorno.

    No somos gente seria y decente, para qué nos vamos a engañar. Y si además son los partidos los que eligen a “sus” jueces, se comprende que ni FelipeX, ni Chaves, ni Griñán, ni Pujol y tantos otros hayan pisado la cárcel en su momento.
    Los del PP deben tener jueces menos “comprensivos” porque Carlos Fabra, Jaume Matas o Luis Bárcenas si conocen la trena, como quizá le ocurra también a Granados.

    Uno no deja de admirar esos países de recta tradición, donde los alumnos no copian en los exámenes, nadie defrauda al fisco, los coches se dejan con las llaves puestas, y la Ley es un bulldozer hasta el punto que un periodista puede derribar a un presidente de gobierno por un quítame allá ese watergate.
    Todavía recordamos a aquel ministro inglés que tuvo que dimitir por haberse enrollado con una secretaria. La filosofía de “quien miente a su familia no es de fiar para lo público”, nos produce auténtico asombro a los pícaros mediterráneos.

    Es evidente que cuanto más “dinero sin dueño” se maneje, cuanto mayor sea el descontrol y la impunidad, mayor es la avidez y la capacidad de pillaje.
    Por eso tiene su gracia que los pequeños partidos que nunca han gobernado ni manejado pasta gansa presuman de honradez. Ya hablaremos cuando gobernéis, ya veremos el show how, santiños!

    Como en la confesión de los católicos, no vale con decir “lo siento” o el borbónico “no volverá a ocurrir”, sino que hay que hacer confesión minuciosa del pecado, propósito firme de enmienda y devolución de lo robado.

    Pero sobre todo, asumido el público y unánime mea culpa, URGE poner a funcionar la maquinaria de control y transparencia de Instituciones, Administración, Concellos, Diputaciones, partidos, sindicatos y estamentos todos en los que se mueve el dinero público. Porque “la ocasión hace al ladrón” y hay que afinar el olfato detector de pringados, y sobre todo, conseguir que la gente válida, honrada y responsable vaya a la política, preñada ahora de trepas y rascatripas sin oficio ni beneficio, empeñados en enriquecerse a cuenta de los contribuyentes.
    Caghondiola !!, meu que dice mi amigo el Filloas.

  2. Aureliano Buendía

    No sé si todo cuanto pueda hacerse, a estas alturas, evitará el desastre final. Tal vez sea demasiado tarde.

    Es muy posible que la sociedad española haya alcanzado ya un punto en el que, desengañada de las miserias de esta tierra, esté irremisiblemente condenada a intentar el asalto del cielo.

    Si es así, que Dios nos acompañe en el viaje, que buena falta nos hará.

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