Tierra para filosofar

La clase no se suspende, se aplaza

Charlando con una amiga que reside en los Estados Unidos desde hace tiempo, me comenta que este año se espera en su ciudad un invierno muy duro, con largas temporadas bajo la nieve, como en el curso pasado, cuando los niños no pudieron ir a clase. Llegado a este punto, añade:

_Naturalmente, tuvieron que recuperarlas sacándole tres días a las siguientes vacaciones.

Como se pueden imaginar, ese detalle sirvió para que la conversación discurriese a partir de entonces hacia otros temas que nada tenían que ver con la nieve y sí con las diferencias entre dos sociedades a la hora de encarar la educación de los infantes.

Cuando se tienen los objetivos claros y rotundos las medidas se adoptan de forma automática sin dar opción a la polémica. ¿Qué es lo prioritario en este caso? La educación. Por lo tanto, ni nevadas, ni vacaciones, ni derechos de los profesores, ni planes preconcebidos de los padres, ni rabos de gaita. Cuando se pierden dos jornadas de clase, se recuperan y a otra cosa.

La nuestra es una sociedad que se mantiene en la constante indefinición de objetivos y cuando llegan las ocasiones, todo se vuelve polémica hasta averiguar de nuevo qué ha de hacerse, lo cual crea el ambiente ideal en el que se desenvuelven los filósofos, pero no los ciudadanos.

Por delante tenemos las declaraciones de un individuo recién salido de la cárcel tras cumplir corta condena por la muerte de 17 personas diciendo que él no asesinó, sino que ejecutaba como el verdugo de Berlanga, y nos quedamos mirándolo como estatuas de sal, no vaya a ser que tenga razón; que tenga razón Mas, que la tengan los usuarios de las tarjetas de Blesa, que la tenga Pablo Iglesias ordenando el asalto del cielo o Nicolasito el intruso. Es maravilloso este imperio indefinido, el paraíso de los filósofos y la duda metódica.

2 Comentarios a “Tierra para filosofar”

  1. Aureliano Buendía

    Bien dices, Cora; el problema se produce porque las cuestiones mundanas, las cuitas del día a día, son poco filosóficas.

    En este país, hubo un tiempo (o varios) en que existían montones de verdades absolutas: había que creer en Dios, había que obedecer al Poder, no se debía pensar fuera del carril ni del redil…

    Por reacción hasta cierto punto natural, hemos pasado al contrario extremo: ahora, todo es discutible. De la imposición de una estricta (y muchas veces hipócrita) moral, hemos pasado a la ausencia de todo referente. Ni edad, ni dignidad, ni gobierno; nada de ello merece ya respeto.

    El camino de la progresía (que no del progreso) nos ha conducido a un estado en el que todo el mundo pretende tener y ejercer derechos, sin asumir, en cambio, deber alguno. Y, claro, el sistema hace aguas por todas partes.

    Sin embargo, puede que nos dure poco la tontería. A lo mejor, sin pensarlo mucho, retornamos a un tiempo en que todo el mundo vuelve a tener claro (de grado o por fuerza) lo que ha de hacer, lo que ha de respetar, e incluso lo que ha de pensar.

    Cuando veo a estos chicos de la coleta, y pienso que en su experimento, si llega a ponerse en práctica (lo que no es en absoluto descartable, y cada día menos) pueden evaporarse todas nuestras libertades, no puedo menos que pensar que quizá nos lo tenemos bien merecido. Visto el uso que hacemos de ella, ¿para qué queremos la libertad?.

  2. Bart

    Efectivamente, ¿y será que tengan razón tambien aquellos, que hacen echar humo en los juzgados y trabajar a destajo la fiscalía anticorrupción?, ahora me explico yo a que venia aquello de “las raices vigorosas y profundas”, se esparce humo para concentrar los males cañís en un par de presuntos, pero sale detritus por todas las esquinas, los cuales amargan a uno el desayuno diariamente, y va encabronado a trabajar.
    Y ya que hablamos de escuelas, va siendo hora de que la prensa nos traten, como a adultos y nos den algo para comer, con fundamento que decia aquel, no chuches.
    Volviendo a su amiga americana, no le habrá contado porqué en esa sociedad tan perfecta en aprovechar el tiempo, porqué siguen haciendo simulacros y utilizando vigilantes armados, en prevención de ataques tambien armados.

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