Desobediencia

Urkullu, Uriarte y… ¿quién es el de la pizarra?

La desobediencia civil a la que cada día alude ERC, con mayor o menor intensidad, ya está ahí desde épocas atapuercas. Es una de las notas de identidad españolas, más acusada en los últimos años en formaciones que una vez obtenida su carta de naturaleza política a través de los mecanismos constitucionales, inician una actividad que en gran medida está destinada a burlar las líneas fundamentales que representa la Constitución, de forma especial todo lo relacionado con la unidad y los símbolos comunes.

En la historia reciente viene siendo así desde los tiempos preconstitucionales, sin que ningún gobierno viese en ello la misma gravedad que en los delitos cometidos por particulares.

La información de hoy es que Urkullu, a través de su consejera Cristina Uriarte, se pasa la LOMCE como hacen las gabarras en el Puente Colgante de Bilbao, es decir, por el arco de triunfo.

Quizá no le guste ensalzar las virtudes de la Constitución y prefiere que los niños vascos se crean el cuento de que la soberanía emana de un perdido caserío al fondo de un valle, donde a la par del hombre trabaja el río. Quizá.

El caso es que desobedece y nada, ni nadie le obligará a ceñirse a una ley que puede ser buena, mala, regular o mediopensionista, sed lex.

España es así desde tiempos ignotos. Las asonadas y pronunciamientos se intercalan en las páginas de la historia con los reproches a los incumplimientos de ley componiendo un hermoso encaje de puntilla, que cuando afectó a Gil-Robles, siendo ministro de la Guerra, rechazó diciendo que se trataba de ensayos literarios. La Constitución es un soneto de pie quebrado.

ERC saca a relucir la amenaza desobediencia civil. ¿Pero qué me está diciendo? ¿Que hasta ahora ha obedecido sumisamente y se ha cansado? Esto sí que es nuevo. Es la primera vez que avisa.

Comenta