Hay que vender la moto

¿Dónde hay que encestar?

Se le ha dado una relevancia extraordinaria a la participación de Pedro Sánchez, ya en voz, ya en cuerpo presente, dentro de sendos programas de entretenimiento y cotilleo, lo cual demuestra el acierto de haber ido, pues se habla tanto de él como de la concursante del cordero degollado. Lo único que asombra es que asombre haberlo hecho.

A Sánchez le queda mucho camino por recorrer hasta lograr que su estampa sea reconocida como un icono entre los votantes poco asiduos a la información política, los mismos que pueblan las audiencias de Jorge Javier y Pablo Motos.

Es un dato imposible de calcular, pero nos quedaríamos bobos si supiésemos el número exacto de personas que esta pasada semana se han enterado por esos medios de la existencia de Pedro Sánchez, de su liderazgo en el PSOE y del tamaño de sus patillas. Discutir a un político con aspiraciones electorales la conveniencia o no de estar donde va a ser observado por millones de personas es como sorprenderse de que un médico frecuente la compañía de enfermos.

Otra cosa será que se limite a saltar de plató en plató cual Revilla desaforado y tenga su casa hecha unos zorros, pero eso hoy no toca, como dicen ellos en las tertulias.

Con ánimo esclarecedor debemos pensar que todo el revuelo armado se debe a acontecimientos televisivos inmediatos, como son las horas dadas por Intereconomía a Pablo Iglesias, la continua presencia de éste en la Sexta y los resultados obtenidos por Podemos en las europeas. Cuando comenzaba a despreciarse la influencia de la televisión a favor de las redes sociales, se han dado cuenta del error y vuelven corriendo a la caja tonta.

Nada nuevo bajo el sol. Vamos a estar en el hormiguero y desde allí gritar con todas las fuerzas: Sálvame!

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