Racial y negro

El toro

La Tomatina tiene detractores. Los tiene la Maruxaina, la Semana Santa, la tamborrada de San Sebastián y la fiesta del Pincho Moruno, que atufa a xenofobia que tira para atrás. ¿Cómo no los va a tener el Toro de la Vega?

Los nuevos españoles, un buen número, han descubierto que España no les gusta, que es demasiado racial, que huele a fritanga, como decía doña Victoria Beckham; que los toros sangran y que sacamos los cirios en procesión. A ellos le hubiese gustado nacer fuera. ¿Donde? Fuera, en otro sitio. Tampoco en China, que se comen los perros, ni donde abunden yihadistas, que se comen a los occidentales. Sudamérica no es un buen sitio, porque sigue habiendo toros y de África ni hablemos, que se zampan los cerebros de los monos.

De quedarse aquí, lo que no tiene vuelta de hoja es protestar contra el Toro de la Vega. A ver quién es el guapo que discute la salvajada, salvo por el afán de mantener abierto un parque temático de la civilización minoica. Pero entonces surge la controversia y la lucha entre el ser y el no ser lo que somos, que siempre tiene tan difícil solución.

Los chinos ya cuentan con una asociación, la Bo´ai, que respeta al comedor de perro, pero lucha contra festivales como el de Yulin, donde cada año se sacrifican 10.000 de ellos para ser devorados en comunidad. En Navarra ocurría tres cuartos de lo propio hasta hace unas décadas, así que tampoco estamos demasiado lejos.

El Toro de la Vega va a existir mientras haya mozos que sueñen todo el año con la llegada de ese día, porque va con cada uno y nadie tiene culpa de que a sus antepasados les diese por hacer del toro un animal mítico y señalado. La lucha contra él no puede ser racial, como es la fiesta, sino íntima y personal, como casi todo lo que en esta vida cambia y mejora sus condiciones. Lo otro es imposición y más barbarie.

2 Comentarios a “Racial y negro”

  1. Mª José Serantes

    Me gusta este artículo porque aunque corto, instruye y porque leyendolo, sientes orgullo de tener paisanos que así piensan. ¡Que bien iría el mundo si hubiese mucha gente como tu!

  2. Aureliano Buendía

    Como buen norteño, lo de los toros me suena a chino. Es decir, que no le veo la gracia, ni a las corridas de toros, ni a manifestaciones derivadas como puede ser el Toro de la Vega.

    Pero, claro, si a mí no me atraen tales espectáculos, ¿quiere ello decir que los miles de adeptos a tales festejos estén equivocados?. En absoluto. Posiblemente a ellos no les guste la música de gaita, y no por eso voy a llamarles salvajes e incultos.

    Ante tal manifestación, se levantará una miríada (o menos) de voces que dirán que no es lo mismo, ni siquiera parecido. ¿Qué tendrán que ver las gaitas gallegas con el sacrificio de un toro, convertido en espectáculo?.

    Y les diría, yo, que como soy de aldea todavía participo de ritos ancestrales, que aquí matamos cerdos igual que se mata el Toro de la Vega (con la diferencia que se hace sin público y tratando de acabar rápido, que se echa la hora de la comida encima). Y a mí me cuesta sentir remordimientos por tal y salvaje acuchillamiento.

    Casi seguro, que yo no estoy al día. La diferencia entre humanos y animales está diluyéndose, a marchas forzadas, y yo no soy capaz de seguir este fenómeno.

    Me falta todavía una vuelta de tuerca progresista. Cuando mi mecanismo interno haya alcanzado ese grado de perfección, sentiré la misma inquietud por la muerte del Toro de la Vega, que por los negros que caen víctimas del ébola.

    Lo dicho, la culpa es mía, por distinguir el animal de la persona. ¿A quén se le ocurre?. Es que soy un tipo raro, yo.

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