Nene, caca

María San Gil, Dolors Nadal, Rosa Díez… estos revientamítines están hechos unos machotes; no sólo se cargan la democracia, sino también la ley orgánica de Igualdad entre Hombres y Mujeres. Pero siendo ellos, como se supone, carne fresca para radicalismos torpes y trasnochados, lo que dejan en evidencia estos episodios es la ínfima calidad de la enseñanza que reciben en facultades de generoso escote, como la de Ciencias Políticas y Sociología, o Económicas, o vaya usted a saber bajo qué otras orlas de excelso conocimiento se crían estos mendrugos, a los que bastaría ver sometidos un instante por uno de esos regímenes totalitarios que tanto loan y por los que tanto suspiran, para observar cómo afloran enormes lagrimones de sus tiernas pupilas.
Quiere la coyuntura que una buena parte de sus superiores jerárquicos en edad, dignidad y gobierno, animen y aplaudan sus gamberradas, como muestra inequívoca del cerrilismo que a todos alcanza. Y quiere ver el sufrido contribuyente que sus dineros discurren hacia el sumidero de la inutilidad más clamorosa, pues ni en los barrios de la mayor marginación se recibe así a tres mujeres que vienen a opinar lo que ellos no quieren oír, ni dejar oír, que para algo ya lo saben todo. Recuérdese que son universitarios y que antes ese título sobraba para certificar, si no el conocimiento, sí un barniz de educación y cierta ausencia de pollinez, palabro emparentado con la baloncesticidaz.
Cierto que siempre hubo tarugos y que su presencia a ciertas edades sólo demuestra que los peligros de la juventud se pasan cumpliendo años. Lo alarmante no son los tarugos en sí mismos. Lo alarmante es comprobar que se fomenta su expansión y que no hay una condena clara, rotunda, meridiana y sin paños calientes que les corrija:
_Nene, caca.

9 Comentarios a “Nene, caca”

  1. Manel

    La ignorancia es muy atrevida, lo acabo de comprobar. Las verdades a medias son las mayores mentiras.Todo responde a un discurso anticatalán de bajos vuelos. Pero ya estamos acostumbrados. La derechona lo viene practicando desde finales del siglo XIX. Así que nada nuevo bajo el sol.
    Estoy totalmente de acuerdo con la condena de los intolerantes que intentan reventar un ejercicio de la libre expresión. Pero lo que extraña es que parece que estáis descubriendo algo nuevo. Situaciones así las vivieron Felipe González, Santiago Carrillo …
    Sein embargo más preocupante que estos actos, realmente condenables, son otros de intolerancia que se dan cada día y que no tienen el comentarista detrás que se haga eco de ellos. ¿No sabíais que hay barrios de Madrid donde no pueden entrar immigrantes sin riesgo a que sean apalizados?.¿ No sabéis que cada día se agrede a personas por el hecho de ser negros, árabes o ir vestidos de forma diferente a la occidental?. ¿Habéis hecho algún comentario de la chica que recibió una paliza de un energúmeno en el metro de Barcelona por el simple hecho de ser sudamericana?. ¿Sabéis que en Madrid algunas personas sufrieron agresiones e insultos por llevar el diario El País en la mano?.
    Sí, realmente, nene, caca.

  2. Tamarín

    Me olvidaba:

    EL PARLAMENTO REGIONAL CATALÁN (con el PSC al frente), CONFIRMA QUE LOS NIÑOS DE CATALUÑA SEGUIRÁN SIENDO DISCRIMINADOS POR RAZÓN DE LENGUA.

    Y comieron perdices…

  3. jabato

    Estas actitudes responden a un viejo y campesino aforismo: se recoge de lo que se siembra.

    Coincido plenamente con el Sr. Cora en que graves son los sucesos referidos, pero más grave aún lo es que sean protagonizados por universitarios y dentro de los espacios físicos de la Universidad, que deberían ser lugares especialmente resguardados de la intolerancia y el sectarismo.

    ¿A qué responde esta situación? ¿De qué siembra procede esta cosecha?. En una mirada retrospectiva, yo creo que procede de dos siembras: una a más largo plazo, consistente en el derribo de los valores tradicionales de la sociedad española (familia, religión, etc.) que hemos vivido en los últimos 30 años. Ojo, no me constituyo en defensor de tales valores, tal y como estaban configurados en el franquismo o en la España anterior a la República. Evidentemente, las sociedades cambian con el paso del tiempo, y una parte de aquellos valores han sido afortunadamente superados por la historia: la familia de hoy (incluso la que yo considero deseable) tiene poco que ver con la de hace 100 años, el papel de la mujer no puede ser el que la sociedad tradicional le reservaba, la religión no puede tener el peso de que gozaba… Pero lo que aquí se ha hecho ha sido derribar el sistema de valores anterior y sustituirlo por… nada. Hemos pasado del absolutismo moral (en todo caso reprobable) al relativismo absoluto, al todo vale. De unos valores sociales que encorsetaban al hombre de tal forma que le privaban de su libertad, hemos pasado a una falta total de referencias éticas que termina alcanzando las mismas consecuencias: limitar la libertad del individuo (para mí, el más sagrado de los valores, sólo por detrás de la vida).

    Al fin y al cabo, la Universidad debe ser faro de la sociedad, pero también es, inevitablemente, espejo de la misma, y de la sociedad española de nuestro tiempo, difícilmente podríamos esperar otra Universidad.

    Todo lo anterior, a título de opinión personal y, como ya he manifestado en algún mensaje anterior, haciendo sociología de bricolage, ya que mis conocimientos de esta ciencia son mínimos.

    También hay otras razones más cortoplacistas, que conectan directamente con la situación política que vivimos: cuando uno se pasa 4 años “crispando” (no soporto este palabro) y tratando de crear enfrentamiento entre los ciudadanos, no puede sorprenderse ahora de que se produzcan estallidos de intolerancia. Estallidos que, por lo menos en ciertos casos, no creo que sean espontáneos, sino que son cuidadosamente planificados, y forman parte de una estrategia de “tensión” y “dramatización”. ¿Qué quién es el “uno” culpable de la crispación?. Para mí, Gobierno y oposición, tal vez no a partes iguales, pero culpables ambos. Creo que detrás del “talante” zapateril ha habido siempre un sectarismo atroz, pero tampoco exonero al PP de culpa: ha habido muchas ocasiones en la legislatura en que han podido realizar perfectamente su labor de oposición, incluso dura, sin caer en el navajazo político, y tampoco se les ha visto especialmente interesados en evitarlo.

    De todas formas, en este caso, y a la hora de repartir las culpas, hay confesión de parte: no ha sido Rajoy quien ha dicho que hay que “tensionar” y “dramatizar”.

    Retornando una vez más, por ceñirnos a la cuestión del día, a la Universidad, me parece extraordinariamente grave la actuación estudiantil, pero más preocupante todavía, si cabe, es la actitud de algunos rectores, tratando de ocultar o quitar importancia a los incidentes. Grave es que los estudiantes caigan en actitudes violentas, pero mucho más grave es la tolerancia o connivencia con tales actitudes desde los poderes académicos. Cualquiera de esos señores conocerá mejor que yo (que no soy persona de grandes estudios) la historia reciente de Europa, y podrá recordar que, en 1933, Martin Heidegger fue elegido rector de la Universidad de Friburgo, con el apoyo más o menos soslayado del emergente poder nazi. Heidegger terminó adoptando, de grado o por fuerza, la actuación de las SA (organización paramilitar del partido nazi) en la Universidad, llegando incluso a permitirles acudir a clase vestidos con su uniforme, la espeluznante “camisa parda”. Es fácil imaginar en qué se transformaron las universidades alemanas a partir de ahí. Heidegger, por su parte, pronto fue consciente de su error y renunció al rectorado en 1934, pero esta rectificación no impidió que, durante toda su vida y en la actualidad, la figura de uno de los más grandes pensadores de todos los tiempos se vea empañada por su vinculación directa o indirecta con el nazismo.

    Y creo que ya va bien por hoy para nuestros revoltosos universitarios.

    Respondo la intervención de ayer del Sr. Manel:

    En primer lugar, tiene Vd. razón. Los términos que yo empleé en un mensaje anterior (“enfrentar a los vivos con los muertos”) no son tolerables. Aunque de cosecha propia, son propios de un político en un mítin y, dicho esto, poco más puede expresarse en detrimento de dicha frase. Me retracto, por tanto, de la misma.

    En mi descargo, puedo alegar que tal vez no sea capaz de sustraerme por completo (aunque lo intento, créame) al ambiente preelectoral. De todas formas, y si me lo permite, le diré que tal vez a Vd. le ocurra algo parecido. Mire Vd. sus mensajes de los últimos días y verá, Vd. mismo, que su tono no es el habitual.

    Otra cosa es lo que pienso sobre el fondo del asunto (la Ley de Memoria Histórica), en lo que, como de costumbre, no estoy de acuerdo con Vd. Creo que el pasado fue el que fue, y no podemos cambiarlo.

    Aquello que pueda repararse, como la rehabilitación de la memoria de aquellos que fueron condenados por el único delito de oponerse a la dictadura, debe hacerse, y hacerse de forma individualizada, ya que el honor es algo personal e intransferible, pero ello sólo podría llevarse a cabo mediante una sentencia judicial que diga “este señor fue condenado por un delito que no era tal, y por tanto declaramos que fue condenado injustamente”, y que anule la anterior sentencia condenatoria. Lo bueno es que precisamente a eso (la anulación de los juicios) no quiere llegar nuestro Presidente Z, porque sabe que eso daría lugar a un berenjenal jurídico (yo entiendo un poco de ello) que podría poner en peligro todo nuestro sistema legal.

    Ello, referido a los que perdieron la vida o sufrieron prisión tras un juicio. Pero tampoco debe olvidarse a aquéllos que fueron asesinados y enterrados en cualquier cuneta. No estoy en contra de que se abran las fosas. Todos tienen derecho a que los restos de sus parientes descansen en paz, en auténtica paz. Eso sí, que se abran todas las fosas, las de ambos bandos, y que se entierre dignamente a todos los muertos.

    Y, por favor, no busquemos culpables. Los responsables de las muertes fueron los que las cometieron, en uno y otro bando. El echarle estas atrocidades en cara al enemigo político de hoy, como se está haciendo, no se corresponde ya con un deseo de recuperación de la memoria y del debido respeto a la memoria de los muertos, sino a móviles mucho más inmediatos e innobles (“tensionar” y “dramatizar”).

    Cerremos de una vez el libro negro de la Guerra Civil. Añádanse los capítulos que faltan (la memoria de los muertos del bando perdedor), pero luego ciérrese el libro para siempre. Es un período de nuestra historia del que no podemos sentirnos orgullosos, ni desde la izquierda ni desde la derecha.

  4. Manel

    Respondo a Jabato:
    No entiendo como se echa de menos el vacío de valores (idea que comparto) y se está visceralmente en contra de una asignatura que precisamente pretende inculcar los valores de respeto y tolerancia, como es la Educación para la Ciudadanía.

    Creo que la ley de memoria histórica lo que pretende es cumplir ese deseo que usted tan bien expresa: cerrar una triste capítulo de nuestra historia. Para muchos no estaba cerrado. Ahora creo que sí lo está.
    Un saludo cordial

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