Cursis y patanes

El cartel de las fiestas

Brazatortas (Ciudad Real) arde en fiestas para honrar una advocación muy particular, el Cristo de Orense, dicho así, sin galleguizar. La historia de gallegos y andaluces, los arrieros, la compra de aceite y la repoblación de Carlos III están detrás de esa conexión manchega con la imagen de la ciudad de las burgas.

Hace una década rodaba en Lugo uno de sus hijos ilustres, el humorista Millán Salcedo y durante los días de su estancia aquí salió a colación varias veces el orgullo que sentía por su patria chica, “no como Antonio Gala, al que no le parece digno que un poeta como él haya nacido en Brazatortas”.

Los de allí tienen un sentido del humor más cercano a Millán, porque en la casa natal del dueño de Troylo han colocado una placa que proclama: “Aquí nació el escritor cordobés Antonio Gala”.

El caso es que en estas fiestas setembrinas del Cristo de Orense debería haber pronunciado hoy su pregón el mentado Millán, pero no lo va a hacer por las amenazas recibidas desde Brazatortas a causa de su condición homosexual.

No somos nadie para aconsejar a Salcedo sobre qué hacer o dejar de hacer, pero aún así nos arriesgamos a decirle que debería pregonar en el pueblo que él mismo defiende frente a la cursilería rampante, porque tan ridículo es quien renuncia a su cuna por un topónimo sin glamour; como quien anuncia liarse a tortas en prueba de su machismo. Ni el uno consigue nada, porque lo acaban pillando con placa en fachada, ni el otro moverá un dedo, porque en el fondo es un cobarde.

La consecuencia es que los torteños se han quedado sin pregón y son más los que lo lamentan, que los que se alegran, porque Millán sabe reírse de si mismo, de los anónimos y de los peces de colores; pero se ve que en esta ocasión no lo tuvo a gala.

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